¿Es válido el “desarrollo”?

Finalmente, desde que el capitalismo liberal se acepta como la forma dominante de organización social y la base para la globalización, se puede decir que ahora el desarrollo se entiende principalmente en términos de mejorar problemas, en lugar de buscar modos alternativos de transformación social a gran escala. La importancia de buscar una alternativa permanece, pero no es manifiesta en las actividades de ninguna de las principales agencias

Con esta cita de Alan Thomas (Del artículo titulado “Poverty and the end of development”, del libro “Poverty and development into the 21st century”) comienzo lo que creo que terminará siendo otro monográfico, esta vez sobre el “desarrollo”. (Esto no quiere decir que haya terminado el de acceso a medicamentos esenciales, ojo…).

Esta palabrita es aceptada por muchos tal cual, sin cuestionar ni el cuándo, ni el cómo, ni el dónde, ni -aún más importante-, el por qué. Sin embargo, hay otros (Rahnema, Esteva, Sachs, etc.) que afirman que la era del desarrollo ha terminado, y que ha fracasado. Se ha dicho de todo, desde describir como la palabra ha ido vaciándose de coherencia con el paso de los años (sobre todo los últimos 50), desde como el presidente Truman se la sacó de la manga para comenzar una nueva estrategia (que todos se tragaron como legítima), y como la concepción del desarrollo ha ido cambiando en las últimas décadas, hasta llegar a donde estamos. Controversias muchas, opiniones muy enfrentadas, y mucho para que nosotros mismos pensemos y mastiquemos. Por ahora, y antes de comenzar, tal vez nos venga bien preguntarnos algunas cosas…

  • ¿Qué entiendo por desarrollo?
  • ¿Entiende todo el mundo, instituciones, etc, el desarrollo de la misma manera?
  • Los esfuerzos que se han hecho en pos del desarrollo, ¿han triunfado?, ¿han fracasado?
  • Si han triunfado o fracasado, ¿para quién?

Tal vez que es que no se sabe hacer las cosas bien, pero es interesante lo que dice Wolfgang Sachs, “la idea del desarrollo permanece hoy como una ruina en medio del paisaje intelectual“, y lo que le responde Robert Chambers, “No hay lugar para el pesimismo. Mucho puede nacer en y de una ruina. Los errores del pasado, así como los aciertos, contribuyen al aprendizaje del ahora“.


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