Actimel, ¿realmente ayuda a tus defensas?

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Actimel es un producto lácteo probiótico producido por Danone, que contiene Lactobacillus Casei DN-114.001. Danone, sin despeinarse, no duda en decir en su publicidad que Actimel “ayuda a reforzar las defensas” de cualquier persona sana de cualquier edad. Por si fuera poco, añade que está recomendado por la Organización Mundial de la Salud y avalado por un puñado de prestigiosísimos estudios científicos. Con este artículo pretendo discutir lo que Actimel indica en su publicidad.

De este tema se ha hablado mil veces (Actimel no puede alardear de bacterias, Susanna Griso vuelve a la carga con el Actimel, Canarias y el Actimel, No es magia ni ciencia, los niños andaluces premian a Actimel, etc). Sin embargo, quiero aportar mi granito de arena, criticando cada uno de los 5 estudios que Actimel cita como evidencias científicas en su página.


1. El efecto de Lactobacillus Casei sobre la incidencia de procesos infecciosos en niños

Uno de los 5 estudios citados por Actimel como evidencias científicas en su web es “El efecto de Lactobacillus Casei sobre la incidencia de procesos infecciosos en niños/as” [ARTÍCULO COMPLETO]. Se trataba de un ensayo clínico controlado y aleatorizado por clústers a doble ciego en niños de 3 a 12 años de Barcelona, con posterior análisis con intención de tratar. El estudio fue financiado por Danone. Un grupo se trató con placebo, mientras que el otro recibió, durante 20 semanas, dos unidades diarias de Actimel (el doble de lo recomendado diariamente por el fabricante). Aquí surge la primera cuestión. Puesto que ya se conocen productos como los yogures, con efectividad probada, ¿por qué comparar Actimel con placebo en lugar de con yogur normal? ¿Y por qué dar dos botecitos diarios de Actimel en lugar de uno?

Las diferencias halladas entre ambos tratamientos (Actimel y placebo) no fueron significativas, ni en la duración en días de los procesos infecciosos de vías respiratorias altas, gastrointestinales ni procesos alérgicos, ni en el número total de días sin enfermedad, ni en el absentismo escolar por enfermedad, ni en cuanto al número de anticuerpos IgA, ni en la satisfacción global de la intervención nutricional (la satisfacción fue evaluada como “mucho” o “muchísimo” por el 80% del grupo de niños que recibieron placebo y el 82% del grupo de niños que recibieron Actimel). La únicas diferencias significativamente estadísticas que se hallaron fueron en la incidencia de niños con enfermedades de las vías respiratorias bajas (32% en el grupo de Actimel, y 49% en el grupo de Placebo), y en la incidencia de fatiga (3% en el grupo de Actimel y 13% en el grupo de placebo). No sabemos cómo se midió esa fatiga, ni parece que su medida estuviera incluida inicialmente en los objetivos del estudio.

¿Tiene valor clínico un descenso como este tras tomar nada más y nada menos que 280 botecitos de Actimel a lo largo de 20 semanas? Para ayudar a contextualizarlo, diré que el precio de esos 280 botecitos (para un niño), costaría en un gran supermercado, 150,3€.


2. Efecto de la leche fermentada con Lactobacillus casei DN-114001 en las defensas de estudiantes sometidos al estrés de los exámenes

Este artículo fue publicado en una revista a la que no está suscrita, ni la Biblioteca del Servicio Andaluz de Salud, ni la Biblioteca de la Universidad de Granada, ni la Biblioteca de la Escuela Andaluza de Salud Pública, que son las tres a las que tengo acceso como Médico Interno Residente del Servicio Andaluz de Salud. Sí se puede acceder al resumen del artículo.

Debido a lo anterior, no voy a poder comentar gran cosa de la metodología: se compararon 2 grupos de estudiantes universitarios durante 6 semanas (tres previas al comienzo de los exámenes finales, y las otras tres durante los exámenes). A los del primer grupo se les administró un vaso diario de leche semidesnatada. A los del segundo grupo se les administró 2 unidades diarias de Actimel.

El estudio no halló diferencias en los niveles de estrés en ambos grupos. Sí halló diferencias significativas en la cifra absoluta de linfocitos en sangre. Mientras que el grupo tratado con leche semidesnatada tuvo un descenso en la cifra de linfocitos de 40±120/mm3, el grupo tratado con Actimel tuvo un aumento de 370±110/mm3. Para entender la importancia de estas cifras, debemos saber que la cifra normal de linfocitos en sangre (en una persona sana) está comprendida entre 1300 y 4000 por milímetro cúbico. ¿Tiene importancia una diferencia de 410 linfocitos en ambos grupos, cuando ambos valores son normales?

El estudio también halló diferencias en la cifra absoluta de células CD56 (cuyas cifras normales están entre 130 y 400 por milímetro cúbico): un descenso de 51.97±21.33/mm3 en el grupo del vaso de lecho y un aumento de 17.29±17.27/mm3 en el grupo de Actimel.

A partir de este estudio no se puede concluir que la salud de las personas que tomaron Actimel fue mejor, ni que Actimel les ayudó a evitar o prevenir enfermedades. Este estudio sólo analizó datos de laboratorio, sin valorar su importancia clínica o su impacto en la salud de las personas. ¿Enfermaron menos los estudiantes que tomaron Actimel? ¿Se encontraban mejor? ¿Fueron sus infecciones más leves? Esas son las preguntas que interesan, y para las que el estudio no da respuestas.


3. Efecto de la ingesta diaria de leche fermentada que contiene Lactobacillus casei DN114001 en la capacidad de defensa innata en personas sanas de mediana edad.

Como profesional del SAS, o estudiante de la Escuela Andaluza de Salud Pública, tampoco tengo acceso a este artículo (y comienza a ser frustrante…). Sí puedo acceder a un resumen. De este artículo, debo destacar que está escrito por investigadores de la Universidad de Navarra, y publicado en una revista de la misma Universidad. Desconozco si esto puede implicar algún tipo de conflicto de intereses en el equipo editorial que admitió el artículo.

Se realizó un ensayo clínico con 45 personas sanas de edades comprendidas entre 51 y 58 años, divididos en dos grupos, uno que recibió 3 unidades de Actimel diarias, y otro que recibió placebo. El resumen habla, sin aportar cifras concretas, de un incremento en la capacidad oxidativa de los monocitos y un incremento en la actividad de los Linfocitos NK, sin que hubiera cambios en la proporción de células del sistema inmunitario.

Este estudio no valora la importancia clínica de estos hallazgos de laboratorio, y si tienen impacto en la salud de las personas, o en su capacidad para hacer frente a infecciones. Por ello, no se puede concluir, tras este estudio, que Actimel ayude a prevenir enfermedades, ni a mejorar la salud de sus consumidores.


4. Estudio sobre las infecciones de invierno en personas mayores

De nuevo, no puedo acceder al artículo completo, aunque sí a un escueto resumen, y algo más de información en la página web de Actimel. De los 4 investigadores que participaron en este estudio, 3 pertenecen a un centro de investigación de Danone, lo que puede conllevar un conflicto de intereses. Además, ésta es la revista de la International Academy of Nutrition and Aging (institución creada en 1998 por la Fundación Novartis, que ahora mismo pertenece a una empresa que gestiona publicidad de empresas farmacéuticas). Danone es miembro de la Comisión Operativa de esta institución. Desconozco si ambos posibles conflictos de intereses han sido considerados por los autores y el equipo editorial de la revista.

Desconozco la metodología y desarrollo del estudio, aunque sabemos que se compararon dos grupos de personas mayores de 60 años. Los miembros de un grupo tomaron dos unidades de Actimel diarios durante tres semanas, mientras que los del otro grupo no tomaron nada (en los resúmenes no se indica que recibieran placebo, lo que puede conducir a un sesgo de información).

No se observaron diferencias en la incidencia de infecciones, aunque sí hubo diferencias significativas de un 20% en la duración de las patologías: la duración media de estas patologías en el grupo que no tomó nada fue de 8,7 ± 3,7 días, mientras que en el grupo que tomó 2 unidades diarias de Actimel fue de 7 ± 3,2 días.

El estudio sí prueba que hubo una disminución en la duración de las patologías en el grupo que tomaba Actimel (el doble de la dosis recomendada), aunque pequeña (inferior a un 20%). Sin embargo, por no tener acceso al estudio completo, desconozco si la aleatorización se realizó correctamente, si ambos grupos eran comparables, si se introduzco un sesgo de información por no ofrecer placebo al grupo control. Mis dudas al respecto se agudizan por los conflictos de intereses debidos a que los investigadores trabajasen en un centro de Danone, y a que Danone sea miembro de la Comisión Operativa de la Institución en cuya revista fue publicado el trabajo.


5. Estudio sobre la flora intestinal de los niños

En esta ocasión sí puedo acceder al artículo completo. Se trata de un ensayo clínico aleatorizado, en el que participaron 39 niños sanos de edades comprendidas entre 10 y 18 meses, distribuidos en tres grupos: unos recibirían leche fermentada con yogur y Lactobacillus (grupo de Actimel), otros un yogur tradicional, y otros una leche no fermentada, durante un mes. El análisis realizado fue por protocolo, en el que no se consideraron las pérdidas durante el estudio (de 39 sujetos, sólo se analizaron 26). Este tipo de análisis evalúa eficacia, pero no efectividad, y da una visión menos real que el análisis por intención de tratar.

El estudio evaluó la composición de la microflora intestinal de los niños. No hubo diferencias entre grupos en la población bacteriana, ni sus metabolitos. En cuanto a la actividad enzimática bacteriana, hubo algunas variaciones, aunque principalmente interindividuales, y principalmente en niños con valores iniciales extremadamente altos (uno en el grupo que tomó yogur, y tres en el grupo que tomó yogur y Lactobacillus). Estos últimos resultados, además, no coinciden con los otros estudios previos, con resultados contradictorios. En el grupo que tomó Lactobacillus, se hallaron más Lactobacillus en heces.

No se puede concluir de este estudio ningún aspecto clínico, sino tan sólo aspectos microbiológicos y de laboratorio. La muestra inicial era, además, muy pequeña (39), que se vio reducida por las pérdidas (a 26), al hacerse un análisis por protocolo (un tipo de estudio que no prueba efectividad práctica, sino eficacia teórica, y en estudios de no-inferioridad). Los cambios observados, además, ocurrieron principalmente en individuos particulares (1 en un grupo, y 3 en otro). La salud de los niños, o la composición de su sistema inmune, no fueron evaluadas. Por ello tampoco se puede concluir de este estudio que Actimel refuerce las defensas naturales del niño en periodo de destete.


Resumiendo algunos aspectos…

Al menos en 3 de los 5 estudios existen evidentes conflictos de intereses por la participación de investigadores de Danone en ellos, su financiación, o la relación de los investigadores con la revista en que se publicaron los artículos. En 4 de los 5 estudios, el grupo tratado con Actimel recibió el doble o triple de la dosis recomendada. Sólo 2 de los 5 estudios muestran resultados médicos (referidos a prevención de enfermedades, menor duración de estas, o mejoría del estado de salud), y ambos son de relativa poca importancia (menos de un 20%, en comparación con el placebo o con no tomar nada). Los estudios, en general, tuvieron tamaños de muestra bastante reducidos.

En mi opinión (aunque estaría bien que fuera alguna institución pública española la que dijese algo), Actimel no puede decir en su publicidad que “ayude a las defensas”, ni que esta afirmación esté respaldada por numerosos estudios científicos, porque éstos no dan evidencias de dicha afirmación. Ya en Reino Unido la Advertising Standards Authority prohibió la comunicación de tal mensaje en su publicidad, tras analizar los artículos que en ese país se mostraban como evidencia científica (uno de los cuales está entre los 5 artículos que he comentado aquí).

Con este artículo pretendo hacer pensar acerca de la publicidad que nos bombardea continuamente (a nosotros y a nuestros hijos), y como en ocasiones, bajo la bandera de lo “científicamente probado”, se esconden medias verdades que apenas llegamos a adivinar. He pretendido ser lo más objetivo posible, y basarme en los estudios citados por Actimel en España para hacer mi crítica. No tengo ningún tipo de conflicto de intereses al escribir esto, y cualquier error que pueda haber cometido viene más por ser aún un Médico Interno Residente de Medicina Preventiva y Salud Pública en formación, que por mala intención o voluntad.


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