Una semana, tres ciudades
Lo que más lastimilla da de los viajes, cuando son tan geniales como este, es que se acaban, y uno tiene que volver a casa.
No se me ocurre muy bien como resumir el viaje, pero sé que me ha encantado descubrir estas ciudades con esta gente al lado. Tres ciudades (Budapest, Viena y Praga), 9 intrépidos personajillos, visitas nocturnas por Budapest calados de agua y frío, bocadillos de embutidos robados del buffet del desayuno del hotel y devorados furtivamente bajo el techo de un McDonalds, honores mancillados y desmancillados a base de patucazos, desarrollo de nuevas teorias filosóficas (ya os explicaré la “paradoja del souvenir”), lunnies (discutible, ehem), pérdidas de maletas, nieve en viena, aterrizajes que te hacen palidecer, cumpleaños, pseudofiestasdepijamas, muchas fotos (y algunas muy frikis y muy furtivas), niños prodigio, gorros con orejeras (en homenaje al gran Jebediah Springfield), cafés glamourosos, cenas con acordeonistas sordos, compras colectivas de chucherías, agua sin gas que sabe a agua con gas pero sin gas, radares busca-abuelas, conductores de autobús al borde del infarto, encuentros y reencuentros con dos italianos y una eslovaca (con presentación fogosa incluida), canciones para el recuerdo (“es la española una sinagoga como ninguuuna…”), pastelitos míos, viajes en metro y tranvía, caras de croissant con queso fundido, daños colaterales de la estupidez humana, punks checos que suplican de rodillas el intercambio de una chapita, cenas clandestinas en el hotel Juno, cervezas de medio litro, camareros amantes de las galletitas españolas, guías exhaustas de trabajo, comisiones inesperadas en el cambio de moneda, perritos calientes checos, cafés llenos de filósofos filosofando, visitas furtivas a una catedral, cosquillitas, dancing houses, danzarinas checas que dicen “¡hiiiiiiiiiiiiiiiaaa!”, tragafuegos, turistas italianos y españoles por todos lados, billetes de avión asesinos, presupuestos en coronas bastante ajustados, cositas que parecen pan o patata pero que no son ni pan ni patata, desayunos copiosos copiosísimos, comunicación internacional alternativa (“pupupupú”, “don’t pass much cold”), cajitas empezadas de bombones para regalo, señores disfrazados de Mozart que intentan ligar, frío, mucho frío, disloque, mucho disloque.
Gracias a los que habéis hecho de este viaje una experiencia taaaaaan inolvidable y taaaan especial.
Acerca de esta entrada
Actualmente estás leyendo “Una semana, tres ciudades,” una entrada de Bruno Abarca.
- Publicado el
- 11 de March de 2008 a las 19:33
- Categoría:
- Reflexiones


2 comentarios
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