Canon Powershot S90, un pseudo análisis

Desde que adquiriera mi primera réflex digital (una Canon 350D) hace tres años y me enganchara a la fotografía, siempre he mirado a las compactas con malos ojos. Es más, hace unos escasos 6 meses escribí un artículo en el que las vapuleaba sin piedad: “Cuantas más compactas conozco… más quiero a mi réflex”. En ese artículo criticaba su mala calidad de imagen y su alto ruido a ISOs bajos, su lentitud al hacer click y su incómodo manejo de controles manuales, etc. Sin embargo, terminaba diciendo, literalmente, que estaba “deseando que aparezcan en el mercado cámaras compactas que me hagan cambiar de opinión”. Bueno, pues esas cámaras han aparecido, y he cambiado de opinión (al menos en parte, claro, que siempre queda algo de cabezonería residual).
Adquirí una Canon Powershot S90 hace poco más de una semana, tras haber visto que, por sus características, podría ser la hermana pequeña perfecta de mi Canon EOS 40D. ¿El uso que tengo pensado darle? fotografía callejera, excursiones breves en las que me da pereza llevar el equipo grande, y el día a día en mi mochila, por si surge algo.
¿Qué destaco de la cámara? Pues allá voy…
Tamaño y construcción
Es chiquitaja de verdad, no como las bridge (¡argh!) o las de la gama de la G10 y G11. Cabe en un bolsillo sin problemas e, incluso abriendo el zoom, no abulta. Por poner un ejemplo, es tan sólo 2mm o 3mm mayor (en largo y ancho) que una tarjeta de crédito, aunque más gruesa, obvio. También es algo más pequeña que la Panasonic Lumix LX3, su pariente más cercana. Tiene un diseño sencillo, no parece plasticosa, y se sujeta fácilmente, aunque no falta quien ya le ha diseñado una empuñadura bastante interesante. La pantalla, de 3 pulgadas y 460.000 puntos me parece muy buena, y es ocupada por completo al mostrar las fotografías, en formato cuatro tercios. No he notado grandes problemas a pleno sol y hasta ahora no me he llevado impresiones erróneas respecto a si una foto estaba o no nítida. No tiene zapata para flash (ni falta que le hace), pero incorpora un flash pequeño en la parte superior izquierda.
El objetivo, sensor y procesador
Su objetivo merece mención aparte. Es el equivalente a un 28-105mm, con una luminosidad que va desde f2 a f4.9. Por si fuera poco, ese f2.0 no es puro márketing sin más, sino que la luminosidad se mantiene decentemente conforme hacemos zoom: f2.0 a los 28mm, f2.5 a los 35mm, f3.2 a los 50mm, f4.5 a los 85mm y, finalmente, f4.9 a los 105mm. Las aberraciones cromáticas no me parecen un problema, por lo que he visto por ahora, aunque aparecen a grandes contrastes y diafragmas abiertos. Obviamente, también cuenta con estabilizador óptico IS.
El sensor es un CCD de 10 megapíxeles, con un tamaño de 1/1,7 pulgadas, de una superficie un 40% mayor que la de la mayoría de las compactas, y de dimensiones similares a los sensores de la Canon Powershot G11 o la Panasonic Lumix LX-3. El procesador es el DIGIC IV, el último de Canon.
Manejo de controles
Si hay algo que me ha parecido brillante en esta cámara, es la comodidad de su uso en el modo manual o semiautomáticos. Además de la típica rueda de selección de modos, la cámara tiene dos ruedas, una en la parte posterior, que puedes accionar con el pulgar derecho, y otra rodeando al objetivo, en la parte anterior, que puedes accionar con la mano izquierda.
En la parte superior de la cámara, entre el zoom (una palanquita bajo el disparador) y el botón de encendido, dispone de un botón que permite elegir qué parámetro se controlará con el anillo frontal. Puedes controlar el balance de blancos, el enfoque manual, apertura, compensación de exposición, la ISO, o incluso el zoom (permitiéndote pasar de 28mm a 35mm, 50mm, 85mm y 105mm mucho más rápido que con el mando normal del zoom).
En cuanto a la rueda posterior, permite controlar dos parámetros diferentes (que dependen del modo que estés usando, y el parámetro que estés controlando con el anillo frontal). Para pasar de un parámetro a otro, basta con presionar la parte superior de la rueda.
Este sistema, sencillísimo en su manejo, te permitirá controlar hasta tres parámetros directamente, sin necesidad de acceder para eso a ningún menú. Para mayor comodidad, y en caso de que no pusieras el control de la ISO en ninguna rueda, bastará con presionar el botón central de la rueda posterior para controlar la ISO.
En la siguiente tabla podemos ver las funciones que podemos asignar a cada rueda (la anterior viene representada por un anillo hueco, y la posterior por un círculo con unas marcas) en cada modo:

Imaginemos un par de configuraciones posibles, que encuentro especialmente cómodas:
- Modo manual, con control del zoom en el anillo frontal, y de la velocidad y el diafragma con el anillo posterior. Presionando la parte central del anillo posterior, controlaremos también la ISO.
- Modo de prioridad a la apertura o la velocidad, con control de ISO con el anillo anterior, y control de la compensación de exposición y la velocidad o apertura (respectivamente) con el posterior.
Por si fuera poco, también puedes configurar un botón de la parte posterior para que tenga la función que tú desees, desde bloquear el enfoque o la exposición, hasta activar el enfoque servo, pasando por activar el modo de contraste inteligente, seleccionar la medición de luz, el balance de blancos, o apagar la pantalla.
Sinceramente, es un placer poder ajustar hasta 4 parámetros distintos, a nuestro antojo, sin necesidad de acceder a ningún menú, y sin marearse con botones. Eso sí, el anillo posterior podría ser algo mayor, o hacer “clicks” intermedios al girarlo, como el anterior. Ha sido un detalle que se les ha pasado.
Velocidad de respuesta
Si vas a hacer fotografía callejera, no puedes permitirte el lujo de esperar un rato entre que presionas el disparador y la cámara realmente toma la fotografía. La Canon powershot S90 no es tan rápida como una cámara reflex con un objetivo de enfoque ultrasónico, pero responde bien y bastante rápido. No me he parado a medir ese retardo al presionar el disparador (otros sí, y hablan de tan sólo 160ms), pero sí he comprobado que, con buena luz, no me pierdo ninguna foto. Hacer click y obtener la foto es casi inmediato, aunque puede haber cierto retardo si a la cámara le cuesta enfocar. ¿Y le cuesta enfocar? Pues la verdad es que no. Enfoca bastante rápido, y muy silenciosamente. La cámara dispone de una luz roja de ayuda al enfoque (mucho mejor que algunas réflex, que aún usan ráfagas de flash), que puedes desactivar desde el menú si lo deseas.
Si además conoces la distancia hiperfocal para ciertas focales y aperturas (yo encuentro fácil recordar algunas para 28mm: 3m para f2, 1,5m para f4, y 1m para f5.6), es fácil preenfocar y disparar luego sin ningún tipo de retardo.
Sensibilidad ISO
La cámara tiene un rango de sensibilidades que va de 80 a 1600, más unos modos forzados algo extremos que, la verdad, no he usado. Colocando la ISO en automático, el rango variará entre 80 y 800 en los modos Av y Tv, y 80 y 1600 en los modos automáticos. La buena noticia es que ese ISO automático se ajusta realmente bien a la escena (nada de poner ISO 400 con buena luz, como hacen otras cámaras).
En mi opinión, las fotografías tomadas con la S90 son usables y aceptables hasta ISO 800. Los JPGs salen de la cámara con muy buena calidad y una reducción de ruido no excesivamente agresiva, y los RAW pueden conseguir aún mejor calidad (yo prefiero tener algo de ruido, a tener artefactos causados por la reducción por software), procesados con DPP (el programa de edición fotográfica que Canon facilita con la cámara).
¿Se puede comparar con una réflex moderna? Probablemente no, pero en cualquier caso, una lente estabilizada a 28mm y f2, con un ISO 800 usable, es más de lo que creo que voy a necesitar. ¡Es el equivalente a un f4 a ISO 3200!.
Otras cosas
La batería no dura mucho, si estamos acostumbrados a la de una réflex, pero sobrevive a un par de salidas fotográficas por el centro de la ciudad, llevando la cámara encendida todo el tiempo, haciendo fotos, viéndolas, y borrando las que salen mal. De todas formas, puedes comprar un par de baterías clónicas por menos de 15€ en ebay (yo ya estoy esperando las mías).
Además de todo esto, la cámara tiene un montón de modos automáticos de escena (¡si usas el modo “nostálgico”, el giro del anillo anterior va desaturando y contrastando la imagen progresivamente!), grabación de vídeo VGA a 30fps (se podían haber estirado un poco más y poner vídeo HD, pero bueno), y algo cercano a un disparo por segundo en ráfaga.
¿Es la cámara ideal para fotografía callejera?
No. Probablemente la cámara ideal tendría este mismo tamaño y precio y misma disposición de controles manuales pero con un sensor mayor, objetivos intercambiables luminosísimos y baratos, grabación en RAW, enfoque ultrasónico, visor óptico, etc. Como no existe, nos toca conformarnos con otras opciones, bastante buenas, que ya hay por ahí: Canon S90, Sigma DP1 y DP2, Olympus EP-1 y EP-2, Panasonic Lumix LX3 y GF-1, Leica M8, M9 y X1, Ricoh GR Digital III, etc. Yo he optado por esta S90, eso es todo.
Información adicional
Si quieres conocer más información sobre esta cámara, aquí te dejo algunos enlaces adicionales:
- Manual oficial en inglés.
- Genial análisis en Enticing the light.
- Grupo Canon S90 users, en flickr. Aquí podréis ver más fotos, que las que yo he puesto en el análisis probablemente no sean muy representativas de un uso genérico de la cámara (aparte, están editadas, claro).
Espero que el análisis (o lo que sea esto) haya sido de vuestro interés. Si tenéis dudas, preguntadlas en los comentarios, que trataré de ayudar en lo que pueda (aunque os adelanto que me negaré en rotundo a hacer mil fotos de todas las focales en todas las ISOs y todos los diafragmas posibles…)
¿Sobrevivirá la fotografía callejera?
He tratado de escribir algo medio formal en Street Photo, pero creo que está quedando muy personal, así que tal vez por aquí, en la intimidad de mi blog
, pueda decir esas cuatro cosillas que estoy pensando…
Aunque suene pesimista, a veces pienso que la fotografía callejera va a ir pasando a la historia. Algunos diréis que es una estupidez, viendo la cantidad de gente que se está aficionando a la fotografía en los últimos años con la llegada de lo digital, o viendo la cantidad de aficionados que se van enganchando a servicios como flickr, donde luego se enganchan a la fotografía aún más. Pues sí, eso está muy bien, pero no hablo de fotografía hecha en la calle, sino de Fotografía Callejera, de esa que se escribe con mayúsculas.
Hacer fotos en la calle no está muy bien visto, según parece…
Plántate en una esquina con una enorme cámara de vídeo sobre el hombro y a la gente le parecerá fenomenal ser grabada. Hasta le hará ilusión y tratará de actuar con total naturalidad para no estropear la escena. Plántate en esa misma esquina con una cámara de fotos y te sentirás bastante incómodo por la sensación de estar haciendo algo que a los demás no gusta. ¿Por qué? Y yo qué se… Cosas de la cultura, supongo (esto a algunos les sirve para explicarlo todo, así que a mi también, ea.)
El caso es que a la larga esto influye en la manera en que fotografiamos. Yo a veces me resigno a no poder hacer tal foto que me gustaría, por dar demasiado el cante, y en ocasiones me conformo con disparos medio furtivos, cuyo único valor está en haberlos hecho, y no en su calidad real. Sinceramente, no creo ser el único al que le pasa, ni me creo que todos los fotógrafos callejeros que han hecho una foto completamente inclinada disparando de la cadera realmente la quisieran así. Anda ya. Lo mismo pasa con esas fotos movidas (porque hemos querido hacer click sin parar de caminar), o tomadas desde un ángulo absurdo (porque si me pongo la cámara en la cara se ve). Menos cuentos “hartísticos”. Nos resignamos y punto.
A mi esto me parece triste, pero no sé muy bien como remediarlo. Desde luego, no voy a perder la discreción haciendo fotos (que tanto me ha costado aprender, oye).
Sin embargo, sí pienso que tal vez, además de hacer fotos, debamos tratar de darle buena reputación a este tipo de fotografía. Hablo de saber desmarcar la foto callejera del paparazzismo barato, de hacer la foto por el momento, la gente y la luz, y no por el morbillo de hacer click en medio de la gente. Hablo de asumir todos un código ético que respete a la gente, y que a la larga nos permita ser también respetados. Hablo de tonterías, probablemente.
Nos conformamos con lo fácil.
Hacer una fotografía en la calle está tirado. Hacer una fotografía callejera buena es mucho más difícil. Hacer una fotografía de alguien andando por la calle no dice nada, aburre, se olvida a los 5 minutos. Sin embargo, hacer una foto de una escena compleja, con yuxtaposiciones de varias cosas que capturan tu atención, que cuente cosas o al menos no te deje indiferente, que te haga sonreir o te emocione, que tenga una composición que te dirija la mirada a donde el autor quiera, que tenga cierta complicidad contigo, que esté tomada desde tan cerca que te sientas allí, que tenga buena luz, que refleje algo único, que un segundo antes no existía y un segundo después tampoco, es un mundo aparte.
¿Cuál es el problema? Pues que no puedes planificar esa fotografía. Es imposible. Tienes que tener muchísima suerte, y tienes que ir buscando esa suerte. ¿Qué es lo fácil? Desanimarse, y conformarse con mucho menos. Es mucho más fácil hacer una foto de un sujeto poco interesante con una focal llamativa (angular extremo, teleobjetivo, ojo de pez, 50mm a f1.4…) o un procesado extraño, que buscar una foto de un sujeto interesante con una focal normal y corriente.
¿Cómo se anima uno a seguir buscando eso que parece imposible? No tengo ni idea, pero supongo que lo que hace falta es ver que esa foto perfecta existe, que alguien ya las está haciendo por ahí, y que si él/ella puede, tú también.
Hace tiempo encontré un artículo absolutamente genial sobre qué es la fotografía callejera, y terminaba describiendo más o menos esa foto perfecta. A mi me pone los pelos de punta:
“A juxtaposed moment with the soul of a portait and a dash of abstraction. A portrait within the abstract masses. A finely-balanced moment you can sit back and study while learning something about yourself, the subject, and what it means to be human”.
“Un momento yuxtapuesto con el alma de un retrato y una pizca de abstracción. Un retrato en medio de la masa abstracta. Un momento perfectamente equilibrado con el que te puedes sentar y estudiarlo mientras aprendes algo sobre ti mismo, el sujeto, y lo que significa ser humano“.
¿Y si mientras te estás conformando con ese montón de fotos que se quedan a medio camino te estás perdiendo una foto, sólo una foto, sencillamente perfecta?. Va a haber que currárselo más.
Tener paciencia necesita un tiempo que casi nunca tenemos.
Siempre se dice que para hacer una buena foto callejera hay que tener muchísima paciencia, caminar durante horas un montón de días con todos los sentidos puestos en lo que pasa alrededor de uno, y cruzar los dedos. Sin embargo, yo rara vez dedico más de media hora o una hora a dar una vuelta por el centro de la ciudad cámara en mano. ¿Soy el único raro, o los demás también tenéis cosas que hacer?.
Por si fuera poco, en una ciudad grande, esa hora puede cundir mucho, pero en una ciudad de provincias, como Granada, con menos acción, esa hora no cunde ni la mitad. Y ojo, que no me quejo, que Granada tiene muchísima más vida que otros sitios.
Algo me dice que ese estilo de fotografía “voy-a-dedicar-cuatro-horas-diarias-a-hacer-fotos-callejeras” no es muy frecuente. Lo que hacemos muchos es más bien “dentro-de-dos-semanas-quiero-salir-un-rato-a-hacer-fotos-y-traerme-10-buenas-fotos-en-la-tarjetita”. Si hacemos lo segundo, haremos muchas fotos en la calle, pero pocas fotografías callejeras decentes. Es pura estadística.
¿Se lleva bien la fotografía callejera con las quedadas?
Para los que estamos metidos en grupos de flickr es muy común que de vez en cuando salgamos por ahí en grupo a hacer fotos. A veces esa quedada es de 3 personas, y uno se mueve con libertad, pero otras veces en esa quedada nos juntamos 20 o 30 personas. De las fotos que uno hace ese día, el 90% son fotos de otros haciendo fotos (que a su vez fotografiaban a otros haciendo fotos, en una especie de cruel bucle infinito). El otro 10% son fotos hechas desde una terracita, para probar tal objetivo que ha traído Fulanito, o por probar suerte a ver si sale algo decente, que ya te has terminado la tapa y te vas a volver a casa sin nada para subir a Flickr.
A mi me gusta hacer fotos solico, pateándome calles con mis auriculares puestos (y una buena banda sonora), o sin los auriculares siquiera, si veo que voy a estar más atento a lo que ocurra a mi alrededor. Sin embargo, y si salgo una vez cada mucho tiempo, ese día me apetece socializar. ¿Qué hago entonces?. ¿Soy el único al que le falta tiempo, y que cree que más adelante voy a tener aún menos?
La foto callejera no vende mucho.
A mi eso me da igual, que no vendo fotos, pero supongo que muchos fotógrafos profesionales enganchados a la foto callejera terminan dejándola para hacer reportajes de bodas y bautizos, o foto para publicidad, que es lo que les va a dar de comer. Más aún si después de hacer cada foto tienes que perseguir a los fotografiados para que te firmen un documento de cesión de derechos de imagen para poder hacer lucro con ella…
La foto callejera no se lleva bien con las cámaras grandes
Todo el que ha tenido un dinero para gastárselo en la fotografía, por ser ésta su afición, si ha podido, se ha ido a por una réflex con varios objetivos. Las réflex dan buena calidad, pero son grandotas y muy poco discretas. Las compactas son pequeñajas, pero dan mala calidad, no son cómodas de usar en manual y son lentas. Creo que por esta razón, cuando un aficionado ha tratado de hacer fotos callejeras, se ha desanimado pronto.
Ahora parece que algunas compactas (Algunas Ricoh, Sigma DP1 y 2, Lumix LX3, Canon S90 -la mía!!-) y algunas réflex sin espejo (Olympus EP-1, Panasonic GF1) por fin ofrecen lo mejor de ambos mundos, y son más aptas para este tipo de fotografía. En cualquier caso, quien se compra alguna de estas rarezas, generalmente ya es usuario de un equipo más caro, y tal vez no se puede permitir el capricho. (Yo he vendido un objetivo para comprarme la Canon S90).
La fotografía callejera es fea.
Un paisaje bonito es cool, wonderful, awesome, impressive, astonishing, great, mind-blowing, y todos esos adjetivos que hemos aprendido gracias al Explore de flickr. Lo mismo ocurre con un retrato bien iluminado, un gatico, un edificio moderno, un bichucho curioso, etc. Y hasta lo mismo puede ocurrir con una foto hecha en la calle, ojo. Pero hay montones de fotos callejeras buenísimas que son realmente feas, según los esquemas estéticos que se dan por válidos en fotografía. Fotos que jamás pondrías en un álbum, ni en una pared, porque no tienen al sujeto en un tercio de la imagen, porque no son “evocadoras” ni “mágicas”, porque tienen un color sosillo, etc.
Hay fotos malas que son agradables a la vista, aunque no aporten nada. Del mismo modo, hay fotos buenas que son difíciles de ver, que de un vistazo por encima no son agradables. Pero que, si les concedes el espacio o el tiempo que requieren, te descubren un mundo. ¿Qué pasa entonces? Pues que en flickr, o cualquier comunidad muy grande de gente, ese espacio o tiempo no se concede. En determinados contextos, hay que competir por conseguir ese segundo de atención, y eso aquí no encaja.
Resumiendo muchísimo: Conforme más fotografía callejera trato de hacer, más descubro que es difícil, que te pone a prueba continuamente, que es ingrata, que requiere un tiempo y una dedicación que no tengo, y que sólo es valorada por muy poca gente. Y más me engancha. El problema creo que es que lo que a mi me engancha (por pura cabezonería), a otros desanima…
De la información, internet, el poder, la salud pública y las pamplinas que a veces decimos u oímos
A veces, si uno se fija bien, ve señales alrededor. En cierto modo, es pura magia. Hablo de detalles, más o menos importantes o cercanos, y aparentemente inconexos que, una vez alineados, y si les dedicas un poco de atención, parecen querer decirte algo. Estoy hablando de detalles concretos, de los últimos días:
- En el máster de Salud Pública, los compañeros decidimos lanzar un blog colectivo, una ventana al mundo para contar cosas, opinar, crear redes y multiplicar otras voces.
- Yoani Sánchez, bloggera cubana, es secuestrada y agredida, por hablar con libertad en un lugar donde eso no está permitido por los que mandan.
- Yoani, tras unos días desconectada, decide no callar, y publica fotos de aquellos que le persiguen, que le acosan, que le amenazan.
- Jose Enrique Cabrero publica un (genial y crítico) artículo sobre la película Luna Nueva. En poco tiempo, se llena de comentarios. Aunque algunos sean interesantes y estén bien escritos, la mayoría, de adolescentes indignadísimas, dan vergüenza ajena por el modo en que están escritos.
- El blog colectivo permanece casi estático, sin que mucha gente (unos por inexperiencia, otros por desgana, otros por la razón que sea) se anime a participar.
- Yoani Sánchez lanza, de nuevo en su blog, una serie de preguntas a Raúl Castro, y otra serie a Barack Obama. Obama le responde. Brutal. Se llena de comentarios. Entre algunos especialmente soeces o agresivos, la mayoría (de los 100-200 que leí) están empapados de solidaridad y ganas de libertad. Algunos me ponen la piel de gallina.
- Tras presentar en el máster de Salud Pública un trabajo sobre las TICs (tecnologías de la información y la comunicación) aplicadas a la Salud, un profesor nos invita a pensar: “¿Qué obtenéis de internet? ¿Y qué le ofrecéis a cambio? ¿Aportáis algo?”.
- Leo en la revista XL Semanal una entrevista a varios adolescentes españoles de 16 años. Todos menos uno creen estar mejor informados y ser más maduros que sus padres cuando tenían su edad. Todos menos uno demuestran tener poco interés sobre lo que pasa alrededor suyo, de los problemas de la sociedad, de la política. Ese “uno”, que en ambos casos es la misma persona, es la única que no dispone de acceso a internet en casa.
- El marido de Yoani Sánchez, también periodista, es agredido en Cuba. Además de verlo por internet (twitter sobre todo), lo veo en el telediario.
- De la gente de mi entorno, muchos no conocen quien es Yoani Sánchez ni lo que ocurrió estos días.
Todo me habla de información, de internet, de poder, de política, de la sociedad, del papel de uno en todo esto, y de las pamplinas a las que nos hemos acostumbrados.
Internet no informa. Las personas informan y se informan. Nos hemos creído que con eso de la globalización de la información sabemos más de todo, y es una patraña. Quienes no abren un periódico en su vida tampoco lo van a abrir en internet. Quienes creen que los inmigrantes son unos invasores lo van a seguir pensando en internet. Por suerte, quienes quieren alzar la voz para gritarle al mundo, crear redes con objetivos comunes, influir, informar con calidad, promover que los demás piensen por sí mismos, denunciar, apoyar una causa, articular cambios, etc, también lo pueden hacer por internet. La información en sí misma no vale nada, pero es la base para analizar críticamente y decidir si buscamos el cambio o nos quedamos como estamos.
Huyamos de la información que distrae. Busquemos la información que empodera. No nos limitemos a buscarla, creémosla.
Creo firmemente en el poder de la sociedad civil, en el poder de las voces de muchos, y en el poder de aquellos con ideas brillantes y el coraje suficiente para dejarse la piel en desarrollarlas y contagiarlas. También creo, y con la misma fuerza, en aquellos que al descubrir esto vibran y lo quieren aprender todo.
Aprendámoslo todo, y ayudemos a que otros lo aprendan todo. Eso, y no otra cosa, es el poder, y personas como Yoani son la prueba viviente.
Descentralizadamente vuestro…
Esto de la web 2.0 es un lío. Uno quiere hablar, patalear, contar tonterías (a veces) y opinar sobre cosas serias (otras veces), y tiene tantos sitios para hacerlo que al final pierde las fuerzas por el camino. Por esa razón, quiero tratar de organizarme, yeah.
¿Cómo hacerlo? Pues aún no se me ocurre del todo (¡agradezco consejos!), pero voy a empezar a dar algunos pasos:
- Twitter | Poco a poco me he ido acostumbrando a usar este servicio. Al principio no tenía muy claro para qué hacerlo, pero al final le he encontrado su utilidad. Seguiré por aquí, comentando cosas breves, noticias que crea que pueden interesar a otros, y siguiendo a otras personas a las que ya estoy enganchado.
- Photoblog | Pues nada, para mis fotos. No tiene mucha más ciencia…
- Flickr | Relegado a un segundo plano fotográficamente hablando, seguiré manteniendo un vínculo con la comunidad, subiendo de vez en cuando algunas de las fotos que publique en el fotoblog, y tratando de no olvidarme mucho del grupo de flickeros granadinos.
- Tumblr | Hace un par de días abrí uno, y me ha gustado. Por ahora he comenzado usándolo para anotar cuestiones más bien académicas, de las que voy estudiando, de forma bastante personal. Tal vez no tenga mucho interés para gente de fuera, pero supongo que también aprovecharé para dejar enlaces a las cosas (interesantes) que de vez en cuando comente por otros lados.
- Habemus Salutem | He cogido este blogoblasto colectivo de salud pública con bastantes ganas, aunque aún está por ver si el proyecto saldrá para adelante, si la gente se irá sumando poco a poco, o si somos capaces de darle una identidad común. Si conseguimos que a final de curso el proyecto siga funcionando y tenga calidad, sería maravilloso. Por ahora, creo que es mejor planteárselo como una herramienta de aprendizaje e introducción en el mundillo 2.0 para muchos.
- Este blog | Con tanta dispersión, ¿qué le dejo al blog principal?. Pues aún no lo tengo muy claro, ni siento la necesidad de escribir por aquí con regularidad. Me da cosa contar cosas personales (antes esto no lo leía ni Perry, pero en el último año comencé a recibir bastantes visitas y me bloqueé un poco -Bastian es un fiero pirata, sí, pero le estresan los acontecimientos sociales-), y las profesionales pueden fluir mejor por el Tumblr. Algo me dice que, por ahora, esto queda como centro logístico del resto de la red, y para alguna cosilla de vez en cuando, si me viene la inspiración.
Sobra decir que no prometo nada. Lo mismo mañana estoy por aquí contando batallitas y dejo que el Tumblr se muera, o me vuelvo un twittero de pro. En cualquier caso, replantearme la situación era la excusa perfecta para actualizar esto y limpiarle las telarañas.
Cuídense.
P.d.: Gurús del mundo, inventen ya una herramienta para acabar con “la dispersión del Geek”, que nos va haciendo falta.
Argh!
“Esta perspectiva es especialmente ventajosa en entornos multidisciplinares, ya que respeta el perfil y la idiosincrasia de las formaciones básicas, a la vez que permite articularlas en la nueva profesión multidisciplinar en función de las intersecciones que resulten del análisis de las competencias.” Extraído de un artículo sobre competencias profesionales en salud pública.
Llegará algún día en que mentes simples escriban cosas simples para que otras mentes simples como la mía puedan entenderlas. Digo yo. Mientras tanto, nos empeñamos en empastar y burocratizar lo que en el fondo es divertido. Cachis.
Ocurre hasta en las mejores familias…
La frontera entre el marketing, la información, la manipulación y la investigación se desvanece sin que nos demos ni cuenta. Si no es así, ¿cómo se explica lo sucedido en el 12º Congreso Mundial de Salud Pública de hace unas semanas?.
Los asistentes al Congreso, profesionales de la Salud Pública, encontraron en sus bolsas de bienvenida productos promocionales de Pfizer, Nestlé y Colgate-Palmolive, empresas de prácticas comerciales en ocasiones bastante cuestionables y problemáticas para la salud pública. Sin embargo, esto no es más que una anécdota con lo que descubrirían más tarde:
- La conferencia sobre “Higiene personal y salud”, patrocinada por Colgate-Palmolive, se centraba en la higiene oral y de manos, vinculando éstas al uso de pasta dentífrica y pastillas de jabón de la marca.
- En la sesión sobre “Dieta, actividad física y salud: implementación nacional de una estrategia global” participaba, entre otros, el Vicepresidente de Nestlé, quien aprovecharía para publicitar varías líneas de productos de la compañía.
- En el programa oficial del Congreso, estas sesiones no se diferenciaban en absoluto de las auténticas sesiones científicas, para asombro de los participantes.
¿Es tolerable tal contradicción entre los valores y principios de la Declaración Final del Congreso y el patrocinio de estas empresas? ¿Puede existir la independencia en la información en estas condiciones?. Tralarí. Un grupo de asistentes no dudó en quejarse a la Federación Mundial de Asociaciones de Salud Pública. Menos mal.
Más información | Public Health Nutrition:12 (9), 1581–1583. How to stop public health conferences becoming trade fairs. (Si alguien lo quiere en un email, que me de un silbidito…)
18 días de aventura…
No podía esperar más. He aquí un breve freso-friki-montaje a modo de resumen de las mejores vacaciones de todos los tiempos. Una primera etapa con amigos y amigas, y una segunda etapa en pareja, pateándonos ciudades y ciudades con la mochila a la espalda.
Haciendo de lo grande algo grande, como debe de ser…























