Estudiando la participación comunitaria en salud, ¿recomendaciones?
Leo mucho y escribo poco. Creo que precisamente se debe a que cuanto más estudio un tema, más me doy cuenta de las cosas que aún no conozco, de lo verdes que están mis conclusiones, y de la vergüenza que me da hablar de ellas. Y sin embargo, tengo cosas para decir. Precisamente por estas razones, hoy me planteo algo diferente. Yo aporto algo y, si queréis, vosotros me aportáis a mi, que me vendría fenomenal.
Para poneros en situación os cuento que estoy enfrascado en un pequeño proyecto de investigación en Salud Pública, que pretende estudiar las dinámicas de participación social en la estrategia de salud de una comunidad indígena en Latinoamérica. Allí se está implicando a la comunidad mediante un modelo participativo de promoción de salud y epidemiología, y lo interesante será saber qué funciona, y que está verde; hasta qué punto se implica la comunidad y por qué; hasta qué punto una metodología adecuada de abordaje de los problemas de salud locales puede reforzar la cohesión de una comunidad pobre; y sacar conclusiones, acerca de lo que podría cambiar, y de lo que funciona tan bien que debería ser aplicado en otros ámbitos.
Haré observación participante, entrevistas con un guión semiestructurado pero flexible, y luego análisis de contenido (¿debería usar otro tipo de análisis?). El tema de fondo no me pilla de nuevas (aunque la parte metodológica sí). Ya participé en un proyecto en Camerún, desde su gestación hasta su puesta en marcha y evaluación, en el que se capacitó a promotores de salud y se trató de darles herramientas para la autogestión. También hice otro trabajo de investigación revisando (en papel) proyectos de cooperación en salud en el Sur que se autodenominaran “participativos y empoderadores”, para ver hasta qué punto realmente lo eran. Y el tema me apasiona. Se podría decir que ya llevo en mente algunas cosas claras:
- Si las cosas se hacen bien, la comunidad puede implicarse muchísimo, y en todos los niveles de la estrategia. Esto puede hacer que la intervención funcione mucho mejor y logre los objetivos que realmente a la comunidad le interesa que logre.
- Hacer las cosas “bien” es más complicado que decirlo. Requiere que los “outsiders” sean lo menos “outsider” posible, que tengan unos principios éticos y metodológicos férreos, que ningún objetivo (ni intereses ocultos) se ponga por encima de darle voz y herramientas a la comunidad para cambiar, si lo desean, su realidad, y una dedicación muy flexible en mucho tiempo. Para que además, esto se mantenga en el tiempo, hace falta seguimiento, seguimiento, seguimiento, control, evaluación, seguimiento, evaluación, y seguimiento. ¿He dicho seguimiento? Pues también: seguimiento. Si no, se tambalea y se cae.
- Eso de que la participación se articula en niveles y que esos niveles empiezan con la “información” es una patraña como un castillo. La información no es participación, es información. Y decir lo contrario es prostituir un término valiosísimo. La participación va mucho más allá de informar, para también capacitar en formación y habilidades, reforzar la cohesión local desde la equidad, acompañar a los que participan en sus avances, ofrecer apoyo técnico sin imponer objetivos, adaptarse al ritmo y forma de hacer local y, estimular al cambio en las relaciones de poder y toma de decisiones. Luego ya, en todo este proceso, por supuesto, hay grados, pero un mínimo es o debe ser exigible, y ese mínimo tiene que ser más que la simple información.
- Aquí, en nuestro contexto, por una cuestión cultural o por la organización del sistema sanitario, participamos poco y mal. Por supuesto que hay iniciativas buenísimas y valiosísimas, pero son islotes de horizontalidad en un mar vertical y burocratizado, donde hasta la más mínima participación depende más de la forma de trabajar de algunos buenos profesionales, que de unos principios institucionales. Una lástima, para todo el dinero y recursos formativos que tenemos.
- La participación vende. Si no se pone en la documentación de un programa de salud, malo. Pero de ahí a que realmente se participe va un trecho. Ya hemos dicho que no es algo que surja cual vulgar champiñón silvestre, sino que si no se busca, se estimula con rigor y se mantiene con seguimiento, no aparece, o desaparece en un suspiro. La participación, en términos occidentales institucionales, viene siendo como lo de Ricky Martin y la nocilla, que todo el mundo habla de ello sin que nadie la haya visto.
- En el Sur, y en ciertos proyectos concretos con áreas marginadas y comunidades rurales, se desarrollan estrategias y metodologías impresionantes. Ejemplos hay de que se puede hacer bien. Importantes centros de investigación de todo el mundo han trabajado en estas ideas a lo largo de un montón de años, y la cooperación sur-sur ha contribuido a su expansión, que aún no ha llegado a todas partes.
- Al que el término participación le aburra, es porque lo ha visto más veces escrito en papeles, que en el mundo real. La participación de verdad es de todo menos aburrida. En los papeles, sin embargo, disfruta rodeándose de retórica y palabras de muchas sílabas.
Os digo la verdad. Lo de antes era un 50% cosas que me apetecía compartir, y un 50% criba de lectores. Si has llegado hasta aquí es porque el tema, de alguna forma te ha enganchado, porque tienes algo que opinar, o porque tienes consejos valiosísimos que podrías compartir conmigo, para ayudarme a sacarle todo el jugo a este trabajo de investigación. En cualquiera de los tres casos, ahí abajo tienes los comentarios, que agradeceré enormemente, de haberlos.
Acerca de esta entrada
Actualmente estás leyendo “Estudiando la participación comunitaria en salud, ¿recomendaciones?,” una entrada de Bruno Abarca.
- Publicado el
- 27 de June de 2010 a las 21:36
- Categoría:
- ONG, Salud Pública

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