Dioses de barro
Nos lo han contado y nos lo creemos. Nos lo han grabado a fuego bien dentro y, si no lo replicamos, creemos que nos mirarán raro. Nos lo han vendido así, y así lo vendemos. África es una, y en África todo es pobreza y lástima entre atardeceres y niños preciosos. Y al que diga lo contrario, ignoradlo, pues no os dará la catarsis de sentir lástima.
Los estereotipos no son simples e inocentes idioteces. Son mentiras que terminamos dando por ciertas para contagiar al resto. Y algunas mentiras simplifican la verdad, le roban matices al todo, hacen daño. Dioses de barro hechos de nuestra propia pobreza.
En Lesoto no sólo no he encontrado lo que esperaba ver, sino que me he descubierto, con vergüenza, en alguna ocasión, buscando debajo de las piedras eso que esperaba encontrar, y no lo que se me mostraba delante de los ojos. He notado lo mismo, e incluso con más fuerza, en algunos de mis compañeros de viaje. La (casi) obsesión por retratar la pobreza, por fotografiar lo negativo, lo que pueda apelar a la compasión. La (casi) necesidad de esquivar lo positivo y real, para hurgar en lo triste y exagerarlo al masticarlo. Y creo que más de uno se habrá sentido desorientado al buscar eso (o esperar encontrarlo) y no hallarlo.
Lo mismo soy yo, por haber tenido la posibilidad de ver la pobreza antes en otros sitios, o por mi forma de querer entender las cosas, pero no puedo evitar poner mi propio prisma entre mis ojos y el resto, para contrarrestar el efecto de las lentillas de plástico que traemos de serie, desde el Norte. Habrá quien al mirar mis fotos haya sentido lástima. Si es así, te invito a mirarlas de nuevo, porque no hay motivo para sentir pena. Míralas de nuevo, insisto, no es metafórico. Verás familias unidas, profesionales sanitarios cercanos a la gente, sensibles a las necesidades, niños que a pesar de estar solos no lo están, hospitales y centros de salud abiertos y funcionando, pacientes con VIH sin desarrollar SIDA, pacientes con experiencia y ejemplar dignidad ayudando a otros, y un futuro para quienes, en otras circunstancias, podrían no tenerlo. No hay motivo para la lástima. No dejes que tus ojos se empañen buscando lo que no está.
Por supuesto que también hay pobreza, dificultades para el acceso a la salud o desigualdad de género, pero se está trabajando en ello y los cambios ya se van notando. Hay motivos para luchar contra el VIH/SIDA, para apoyar al Fondo Mundial, pero entre esos motivos no debe estar la lástima, porque no sería un justo reconocimiento al trabajo que muchos están haciendo. Si te tiene que guiar algo, que sea el deseo por el acceso equitativo a recursos, por la distribución de la riqueza, el deseo de que lo que se está logrando en estas zonas de Lesoto se logre también en otras zonas y otras partes del mundo, las ganas de cambiarlo todo porque sea justo hacerlo.
Acerca de esta entrada
Actualmente estás leyendo “Dioses de barro,” una entrada de Bruno Abarca.
- Publicado el
- 26 de September de 2010 a las 12:06
- Categoría:
- Nacidos sin VIH

1 comentario
Saltar al formulario de comentarios | rss de los comentarios [?] | trackback uri [?]