Un invento sencillo
Un día a Thomas Fogarty se le ocurrió que, con un catéter que tuviera un balón hinchable en la punta, se podría acceder a través de las arterias hasta las trombosis y embolias de algunos pacientes (para entendernos, coágulos sanguíneos que impiden el paso de sangre). Tras sobrepasarlas, la punta del catéter se podría hinchar con una jeringa externa, de modo que al retirarlo, deshaciendo el camino de entrada, extraería con él ese trombo.
Él no podía imaginar que esa sencilla invención revolucionaría los procedimientos quirúrgicos de cirugía no invasiva. Su catéter sólo requería una pequeña incisión con anestesia local, y no complicados procedimientos quirúrgicos. Tampoco sabía que esa invención salvaría miles de vidas y evitaría millones de amputaciones. Tampoco tenía ni idea de que esa invención le supondría ganar, años más tarde, en 2000, el Premio Lemelson-MIT, del Instituto Tecnológico de Massachusetts.
Thomas Fogarty estaba en tercero de medicina cuando inventó el catéter de balón.
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Actualmente estás leyendo “Un invento sencillo,” una entrada de Bruno Abarca.
- Publicado el
- 12 de June de 2008 a las 16:52
- Categoría:
- Medicina


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