Quehaceres, por Nirella
Tal y como comenté, hoy mi blog está abierto a contribuciones externas, por ser el Día de los Bloggers unidos para los Derechos Humanos.
Quisiera hablar de una manía que tengo y que creo que comparten más personas: la manía a la palabra ‘negrito‘. Desde que tengo memoria y empecé a oír esa palabra, nunca me ha gustado; y cada día menos.
Creo que es porque se trata de una palabra que lleva implícito el “pobrecitos”, “pequeñas personitas”… que no es desprecio; no es una palabra que utilicen personas con mala intención. Pero el sufjio “-ito” transmite una idea de compasión, de lástima; y este sentimiento siempre se tiene desde una posición aventajada, en la que uno se considera por “encima” de un modo u otro.
No me gusta nada esta lástima; de hecho, creo que a –casi- nadie le gusta dar pena y que se compadezcan de él. Pero a poca gente le choca oír la palabra ‘negrito‘, o eso parece; quizá a mí sí porque es algo que nunca he oído en casa.
Leí el otro día en alguna página web una historia sucedida en la RDC (República Democrática del Congo) –otra más-. Sobre una chica de 24 años que vivía con sus dos hijos y su hermano menor. Una noche entraron en su casa seis soldados y la violaron uno tras otro, mientras obligaban a su hermano a alumbrar la escena con una linterna. Al terminar, le dijeron que la violara él también. Y como se negó, lo mataron a puñaladas.
Es horrible, sí, es horrible, pero después yo pensé en otra cosa: ¿y si esto hubiera sucedido en Alemania –por poner un ejemplo-? Saldría en las noticias, todo el mundo estaría horrorizado. Seguramente sería el tema de conversación durante una semana y luego caería en el olvido (¿es que nuestra memoria dura sólo lo que los medios de comunicación quieren que dure?); pero yo me quiero referir a otro punto de vista: a los filtros, los “modelos” que creo que tenemos insertados en la cabeza.
No lo he comprobado empíricamente. Pero si uno cuenta esta historia a cualquiera que pase por la calle, sin situarla en un lugar del mundo, seguro que la mayoría de las personas primero, quedarían horrorizadas. Y luego preguntarían: “No puede ser, ¿pero eso dónde ha pasado?”. “En el Congo”. “Ah”. Que en realidad es un “Aaaah…” camuflando un “ahora lo entiendo…”, “ahora me cuadra…”. La imagen mental que se había formado ya puede pasar del cajón cerebral de “historias horribles sobre crímenes cometidos por psicópatas” al cajón de sastre “desgracias del mundo”.
No estoy diciendo que la mayoría de la gente del primer mundo sea “mala”. Aparte de que no creo demasiado en los conceptos de “bueno” y “malo”. Pero sí que parece que desprenderse de los estereotipos que se han ido fijando en nuestras mentes desde que nacimos (que no es nada en la Historia, pero al fin y al cabo es Nuestra Historia, la Historia de cada uno) parece una tarea un tanto difícil.
En definitiva, o para terminar, porque hoy ando muy escasa –o difusa- de ideas, decir que todo parece estar configurado (de forma predeterminada, pero no inamovible) para no tener tiempo. Tiempo para plantearnos cosas. Incluso plantearnos cosas de nuestra propia vida (¿cómo vamos a sacar entonces tiempo para pensar en los demás?). Una de las parrafadas que más he repetido en los últimos tiempos: “¿Qué es lo que quieres? Antes de plantearte cualquier otra cosa, tienes que saber eso. Si no, vas a caminar por la vida dando tumbos; y no es que los tumbos en sí mismos sean tan malos. Malos son cuando no eres tú el que así lo ha decidido, y lo único que haces es dejarte llevar por la ráfaga de viento que sople en cada momento, o que alguien –quizá tú mismo, pero hace años- decidió que soplara.” Hace unos días he empezado a intentar aplicarme el parche.
Y parece que esto tiene poco que ver con los derechos humanos, y que todo el “artículo” (yo no me atrevería a llamarlo así) está un poco desordenado, y que no tiene cohesión, y lo siento; sólo espero que alguien pueda reflexionar sobre alguna de las ideas que han ido saliendo. O que cuando termine de leerlo sepa algo más que antes de hacerlo. O que simplemente asienta brevemente con la cabeza al terminar.
Sea o no así, aquí queda: otra gota más en este mar sobresaturado de información llamado Internet.
La autora de este artículo es Nirella, de Málaga.
Acerca de esta entrada
Actualmente estás leyendo “Quehaceres, por Nirella,” una entrada de Bruno Abarca.
- Publicado:
- 05.15.08 22:34
- Categoría:
- Excluidos, Globalización, Imagen y tercer sector

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