La paridad de poder adquisitivo, ¿aproximándonos al conocimiento de las desigualdades?

Seguro que has escuchado unas mil veces eso de que la línea de pobreza internacional viene definida por el Banco Mundial por unos ingresos inferiores a 1 dólar (o 1,25 o 2) por persona y día. Lo que tal vez no sabes es que ese dólar no es el dólar estadounidense, sino el dólar internacional o dólar de Geary–Khamis, una divisa “inventada” para poder hacer comparaciones entre países con distintas divisas y distintas economías. Esta nueva divisa, hipotética (nadie tiene billetes de dólares internacionales), no sólo tiene en cuenta el cambio internacional entre divisas, sino también el poder adquisitivo y el coste de los bienes en cada país; y es que si queremos hacer comparaciones entre economías distintas, tendremos que tener en cuenta que no vale lo mismo un corte de pelo en Francia que en Zambia.

Va a haber que darle un par de vueltas al concepto para terminar de entenderlo. Imagina dos países inventados: Verdecia y Azulia. La moneda en Verdecia es el Verde, los ingresos medios per cápita al mes son 2000 verdes, y una barra de pan cuesta 1 verde. En Azulia la moneda es el Azul, los ingresos medios per cápita al mes son 4000 azules, y una barra de pan cuesta 2 azules. El poder adquisitivo de una persona normal en ambos países es idéntico, y al convertir las divisas a dólares internacionales, nos resultaría que en ambos países tienen exactamente lo mismo. Ahora bien, si en Verdelia ahora se pasara a cobrar 4000 verdes de media, la ratio entre  ambos países ya sería 2:1. Lo mismo pasaría si en Azulia se pasara a cobrar 2000 azules de media, o si el pan en azulia subiera a 4 azules por barra. ¿Se entiende? Lo más llamativo de estos cálculos es que son completamente independientes de la tasa de cambio entre verdes y azules en el mercado internacional. Lo mismo da si el azul y el verde valen lo mismo, que si por un azul te dan diez verdes en una oficina de cambio. Aunque el modelo es, evidentemente, una simplificación, lo esencial está ahí: para poder comparar la economía en ambos países se convierten las monedas locales en “dólares internacionales”, una moneda imaginaria, considerando el poder adquisitivo y el nivel de vida local, a partir del cálculo aproximado del precio local de una serie de productos básicos, que se pudieran encontrar en cualquier país.

Este modelo, efectivamente, nos permite hacer comparaciones que de otro modo no serían posibles. Ahora bien, ¿estamos seguros de que no tiene fallas o sesgos?:

  • ¿De verdad existe una serie definida de productos cuyos precios sean proporcionales al nivel de vida de cada país, y que representen correctamente los patrones de consumo de todos? ¿Qué ocurre si la alimentación básica en Verdelia se sustenta en el arroz, y en Azulia en el maíz? ¿O si la clase media consume unas cosas y lo más pobres otras? ¿Y si, independientemente de la economía, el arroz en Azulia es un producto de lujo por no contar con producción local?. Piensa ahora en el petróleo y sus derivados. ¡Las diferencias en el precio de la gasolina entre distintos países pueden ser abismales! En 2005, el precio de un galón de gasolina, en dólares estadounidenses, variaba mucho entre países, desde los 0,12$ en Venezuela, a los 2,84$ en Taiwan, los 4,55$ en España o los 6,48 en Holanda. ¿Son esos precios proporcionales al coste de la vida local? Probablemente no. Muchas más variables entran en juego.
  • ¿Qué ocurre con los productos que se venden y compran en el mercado internacional? Los precios de ciertos bienes, producidos y vendidos localmente, pueden servir correctamente de indicador en muchos casos: una canasta de alimentos, la electricidad, o un corte de pelo. Ahora bien, ¿qué hay de aquellos productos más elaborados, o de alta tecnología, que se compran y se venden en el mercado internacional?. Si yo deseo comprar un libro en Estados Unidos a través de Amazon, el precio lo tendré que pagar en dólares estadounidenses, y será idéntico independientemente del país desde el que se haga la compra. Y quien dice un libro, dice un coche, un microprocesador, alimentos de importación (¿café?), un medicamento, o un billete de avión. Si mi moneda está muy devaluada respecto al resto, por barata que sea la comida en mi país, no podré comprar ese producto. En un mundo globalizado, ¿es lógico limitarnos a hablar de poder adquisitivo en cuanto a productos locales?. En algunos casos se han establecido índices internacionales basados en el precio de una hamburguesa de McDonald’s, o un café de Starbucks, que, aunque anecdóticos, resultan a veces interesantes.
  • ¿Nos sirve como referencia un precio medio nacional? Un producto, aún siendo en un mismo país, no cuesta lo mismo en áreas rurales y en áreas urbanas, ni en distintas ciudades; ni siquiera en distintos barrios o tiendas de una misma ciudad. Cuando se calcula un precio medio de referencia nacional para el cálculo del poder adquisitivo y la línea de pobreza internacional, podemos cometer el error de estar usando un precio distinto al que los más pobres pueden comprar ese producto.
  • ¿De qué forma podemos tener en cuenta los servicios públicos ofrecidos por el Estado? No importa lo mismo el precio de un medicamento en un país cuando se paga del bolsillo, o por un seguro médico público y universal. Y tampoco sirve de mucho hablar del precio de canastas de productos locales, sin tener en cuenta el coste de la educación, o los servicios sociales.

No es fácil comparar el nivel económico o la pobreza en distintos países, donde se usan distintos productos, con distintos precios, y en distintas divisas, cuya tasa de cambio e inflación cambia constantemente. El esfuerzo por adoptar un índice de comparación internacional es loable, e incluye la realización de numerosos ajustes para hacerlo más fiable. Comprender todas estas cosas, para colmo, es realmente difícil. La cuestión es que, cuando hablemos de pobreza, basada en algún indicador internacional, debemos saber de qué estamos hablando, conocer los posibles sesgos o limitaciones de la medida y entender que, si esos mapas de colores se hicieran en función de una divisa fija, como el dólar estadounidense o el euro, los colores serían bien distintos. Y las repercusiones de esto pueden ser enormes.


Acerca de esta entrada


  1. _yh 10.15.11 / 11am

    _interesante aclaración. No conocía la existencia de los dólares internacionales, algo bastante útil para hacer unas comparaciones más cercanas en este mundo tan dispar.
    _he vivido en China durante un par de años, y las comparaciones que siempre he escuchado en muchas ocasiones, no son siempre justas. Si un mileurista en España lo puede pasar mal en su día a día, un chino en cambio, con su sueldo de 300 € (sueldo medio razonable) podría vivir bastante bien.
    _en fin, el dinero es algo que nunca se puede comprender!
    _un saludete!

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