De la pobreza, la fotografía con flash y la salud en las ciudades

Hubo un tiempo en el que no todo estaba fotografiado hasta la saciedad. En que uno no vivía bombardeado por montones de titulares sensacionalistas sobre cada cosa que ocurría. Un tiempo en el que, aunque se hacía lo posible por informar, los medios actuales estaban en pañales. El fotoperiodismo daba sus primeros pasos (a pesar de la ausencia de megapíxeles, enfoques ultrasónicos y detectores de sonrisas) y las buenas fotos aún dibujaban oes de admiración en la boca de los que, por primera vez, eran invitados a ver más allá de sus narices.
Y si hablamos de narices, en esa época, nos toca hablar de las de Jacob Riis, un emigrante danés que desembarcó en Nueva York en 1870. Terminada la Guerra Civil de Estados Unidos, millones de personas migraban a las grandes ciudades y miles se hacinaban en los barrios de lo que hoy es el sur de la Gran Manzana. En pocos años, comenzó a trabajar como reportero para varios periódicos de la ciudad, cubriendo noticias y sucesos en los bajos fondos.
Los ricos conocían la realidad de los ricos, y los pobres, la realidad de los pobres. Pocos de los primeros, que eran precisamente los que mandaban, se aventuraban a dejarse caer entre los segundos. La pobreza se veía y se olía, pero de lejos, sin que se supiera gran cosa de las condiciones de vida en los barrios más deprimidos.
A pesar de las muchas dificultades, Jacob Riis se propuso entrar de lleno en el meollo y retratarlo, con una vetusta cámara de placas de vidrio. La bombilla aún estaba por comercializarse, y hacer una foto en el interior de una vivienda con una cámara como ésta era poco menos que imposible. Sin embargo, por aquella época, unos alemanes andaban innovando con una peligrosa mezcla de magnesio con clorato potásico, disparada con una pistola de cartuchos, capaz de producir pequeñas explosiones que emitían gran cantidad de luz. El flash daba sus primeros pasos y Jacob Riis sería, posiblemente, el primero en usarlo en fotoperiodismo. Se introdujo con algunos ayudantes en las viviendas hacinadas de los barrios de inmigrantes, y tomó montones de fotos. Así fue como el flash, una manipulación artificial de la luz, permitió mostrar lo que allí había, invisible a los ojos.
La publicación de estas fotos en 1889 junto al famoso ensayo “How the other half lives” (Cómo vive la otra mitad) no dejó indiferente a la clase social media y alta de la ciudad. A pesar de mostrar a algunos pobres como buenos (y víctimas) y a otros como malos (y culpables, por vagos y maleantes), lo que sí hizo Riis fue reclamar mejores condiciones de vida para todos, medidas de higiene y saneamiento, y servicios sociales adecuados. Los problemas que denunció y las reformas que propuso llegaron a influir la agenda política de la ciudad, y a figuras como Theodore Roosevelt, que una década más tarde sería Presidente de los Estados Unidos.
Todo esto ocurrió hace 120 años pero, aunque la globalización nos ha permitido asomarnos a la otra parte del mundo, no hemos reducido tanto las distancias, ni cambiar tanto las cosas, ni la salud en las ciudades. La otra mitad sigue siendo la otra mitad. Entonces eran los suburbios de Nueva York, y hoy son los barrios de chabolas de medio mundo.
Jonas Bendiksen publicó “The places we live” (Los lugares donde vivimos) en 2008, mostrando la realidad de las viviendas de millones de personas, en Venezuela, Indonesia, Kenya o La India. Su trabajo, presentado en un libro imprescindible, nos debe seguir dejando con la boca abierta, y recordarnos que no se puede hablar de Salud Pública sin mirar a la realidad directamente, desde bien cerca, y sin edulcorantes.
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Actualmente estás leyendo “De la pobreza, la fotografía con flash y la salud en las ciudades,” una entrada de Bruno Abarca.
- Publicado el
- 17 de March de 2011 a las 19:58
- Categoría:
- Fotografía, Salud Pública

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