Fin del trayecto

Va de sensaciones, como siempre…

Por un lado, la sensación de libertad, de recuperar mi vida. Es como si la hubiese aparcado hace varios meses para dedicarme en cuerpo y alma a un viaje que me iba a suponer mucho esfuerzo, más del que se puede ver desde fuera. Estudiar me hace peor persona, y lo sé desde hace tiempo. Por eso te subes a ese tren con una sensación desagradable, mezcla de “tiene que ser así”, de “espero que pronto acabe”, de “espero mantener el equilibrio”, y por último, de “espero que todos sigan ahí a mi vuelta”.

Por otro lado, la sensación de que ya he llegado, de que mi gente está ahí, y que eso es lo que más me importa ahora. No sé si habré llegado a donde espero, si me habrán perdido las maletas, o si el esfuerzo se verá recompensado, pero creo que era tan duro como necesario, y me siento satisfecho de haber trabajado como no creí que fuera capaz. Pero sobre todo, me siento feliz de encontrar pancartas de bienvenida en la estación, que significan demasiado.

Gracias a todos los que me habéis acompañado o me habéis esperado en tierra. Llegadas como esta te hacen olvidar los momentos malos del viaje, subrayan los buenos, y te renuevan las fuerzas para todo lo que venga. Pues que venga. Gracias.


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