De la pobreza
El hecho es que la mayoría de los que viven en Occidente no saben cómo es la pobreza real. Y si tú eres como la mayoría de la gente, seamos honestos: a veces es necesario ser testigo de “como vive la otra mitad” antes de poder entender por qué es tan importante que ayudes a cambiar las cosas.
Meredith Slater, en Global Poverty.
Por suerte, he podido ver esa pobreza de la que muchos hablan, aparte de la que habita en nuestras ciudades. La he visto en pequeños pueblos desérticos aislados en el noroeste de Argentina, en la desordenada urbanización y las calles sin asfaltar de las grandes ciudades camerunesas, en las profundas diferencias sociales y de género del medio rural del Oeste de Camerún, en la incomunicación y marginación de comunidades indígenas y afroecuatorianas en Ecuador, o en las famosas venas abiertas de las que Galeano hablaba: si Alonso Quijano puede ver gigantes en molinos, yo veo venas en los larguísimos oleoductos que recorren el país como intentando desangrar la tierra. Y no soy de los que dicen ver en el fondo de todo las sonrisas de los niños, ni en un atardecer el romanticismo de un continente. Las simplificaciones se las dejo a otros, que a mi todo me parece complejamente enorme (o enormemente complejo, como prefieras).
Si te preguntas como es, yo te respondo, en la medida de lo que conozco: la pobreza es fea y es una mierda. No me vengas con eso de que se puede ser feliz igualmente y tal, que eso es otro tema. La pobreza no es romántica, ni poética, ni la parte central de una película que se resuelve al final.

Pobreza es enfermar y no saber si te curas o no. Es enfermar sin tener como principal opción la de curarse, porque el médico está lejos, porque el viaje es caro, porque las medicinas son caras, porque en el trabajo diario se consigue comida o materias primas pero no dinero, que se cotiza a otro nivel. Es no saber si el médico, que no es médico, sino enfermero, auxiliar o curandero, entenderá lo que te pasa, si podrá darte las medicinas que necesitas. Es pensar con un hemisferio que necesitas curarte, y con el otro que no tienes los medios para pagarte tu cama en el centro, o que de las dos medicinas recetadas sólo puedes comprar una, la más barata, sea de lo que sea. Es tener que recurrir a un chamán, o a un charlatán que dice vender barato un jarabe que lo cura todo.
Pobreza es escuchar una y otra vez a gente decirte que tienes que hervir el agua para no ponerte enfermo, cuando en realidad no terminas de entender bien qué relación hay entre ambas cosas, cuando hervir el agua supone tener leña para calentarla y un recipiente limpio donde poder dejarla luego tapada para que se enfríe. Pobreza es no poder tener agua cuando quieras, o tener que echarle algo para quitarle el mal sabor, o depender de que el ambiente no contamine demasiado el agua de lluvia, ni la industria el agua del río.
Pobreza es saber, de oídas, que es bueno que los niños estudien y aprendan, pero no poder pagarles la asistencia a una escuela de educación primaria, con una formación insuficiente para competir luego por una plaza en secundaria. Pobreza es suspirar porque al hijo que pudiste mandar a la ciudad a seguir estudiando le vaya bien en ese barrio, que no es bueno. Pobreza es querer volver a tu pueblo porque la ciudad te asusta.
Pobreza es no tener ni la capacidad, ni los medios, para negociar con nadie más rico que tú. Es asumir que a los enfermeros o maestros no se les puede exigir nada más, que tú no eres nadie para mejorar la forma en que se gobierna tu región o país. Es aceptar cualquier migaja de una petrolera a cambio de dejarles explotar tu entorno natural, sin que nadie con formación te advierta de los peligros que eso conlleva. Es negociar con balanzas trucadas. Es no poder discutir sin un guantazo el uso del condón, ni decidir cuántos hijos vas a tener, ni ser quien decide en qué se gasta el dinero en tu casa. Es que la justicia y los derechos vayan del lado del que tiene dinero, y los deberes y obligaciones del tuyo. Es llevar las de perder, siempre.
Pobreza es construirte tu casa con tus propias manos, en medio de la tierra, con barro y madera. Pobreza es trabajar a cambio de menos de lo que necesitas para vivir, o no trabajar. Pobreza es renunciar a tus derechos laborales y humanos a cambio de unos ingresos, por pequeños que sean. Pobreza es querer emigrar para vivir miserablemente pero pudiendo mandar dinero a casa, a una casa que ahora a queda a montones de kilómetros y meses de distancia, y en la que se enorgullecen de ti.
Pobreza es que todo el mundo con dinero crea saber lo que tienes que hacer, pero ninguno quiera ayudarte a hacerlo, y aún menos ponerse en tu piel. Es ser incapaz de imaginar que todo podría ser mejor, porque quien está por encima tuyo te lo oculta sin que te enteres.
No me entiendas mal. No hay una pobreza. Hay millones, cada una es diferente, y ni las conozco ni las conoceré. Tampoco, aunque hable en segunda persona, la he vivido en primera. Pero eso no le quita un ápice de realidad a las caras, nombres y apellidos, que hay detrás de todo esto.
Acerca de esta entrada
Actualmente estás leyendo “De la pobreza,” una entrada de Bruno Abarca.
- Publicado el
- 17 de August de 2010 a las 10:47
- Categoría:
- Cooperación, Excluidos, Reflexiones

6 comentarios
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