Crecer

Es tomar el timón con ambas manos y sentir que éste es tu barco, y que se mueve con el más mínimo movimiento de tus brazos. Todo transcurre en calma, pero de algún modo reconforta y te hace esbozar una sonrisa cómplice. Mientras tarareas algunos tontos acordes el agua choca contra el casco para calarte hasta los huesos, forzándote a llenar los pulmones y a abrir aún más los ojos. Y el alma.

Sigo por aquí, manteniendo el rumbo, en silencio.


Acerca de esta entrada


  1. gilnux 02.10.10 / 8am

    Muy bonito.

  2. hombre_invisible 02.10.10 / 10am

    Me lo guardo para esos días de calma chicha en que nos confiamos sin saber que, tras ésta, se levanta picada…
    Muchas gracias desde la procelosas olas de bitios.

  3. tetisheri 02.10.10 / 6pm

    Oh, cielos. ¡Has vuelto! O mejor dicho: nunca te fuiste.

  4. mohamed 02.14.10 / 3pm

    El silencio que queda entre dos palabras…

    El silencio que queda entre dos palabras
    no es el mismo silencio que envuelve una cabeza cuando cae,
    ni tampoco el que estampa la presencia del árbol
    cuando se apaga el incendio vespertino del viento.

    Así como cada voz tiene un timbre y una altura,
    cada silencio tiene un registro y una profundidad.
    El silencio de un hombre es distinto del silencio de otro
    y no es lo mismo callar un nombre que callar otro nombre.

    Existe un alfabeto del silencio,
    pero no nos han enseñado a deletrearlo.
    Sin embargo, la lectura del silencio es la única durable,
    tal vez más que el lector.

    Roberto Juarroz

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