Crecer

Es tomar el timón con ambas manos y sentir que éste es tu barco, y que se mueve con el más mínimo movimiento de tus brazos. Todo transcurre en calma, pero de algún modo reconforta y te hace esbozar una sonrisa cómplice. Mientras tarareas algunos tontos acordes el agua choca contra el casco para calarte hasta los huesos, forzándote a llenar los pulmones y a abrir aún más los ojos. Y el alma.

Sigo por aquí, manteniendo el rumbo, en silencio.


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