Cerca
Cerré los ojos y separé los brazos, con las palmas hacia arriba. Un escalofrío me hizo saber que todo encajaba, que todo estaba en su sitio. Que todo era así porque tenía que ser así. Esa suave brisa me arrebató el aliento, cerré los ojos unos segundos, y al abrirlos noté una fuerte sacudida. Mis hombres gritaban, pero yo los oía lejanos. Oí como los toneles rodaban por cubierta y no me importó. Mi barco se levantaba sobre las olas del mar con fuerza, como si el mar lo tuviese aferrado y no lo quisiera soltar. Se desveló el musgo y la madera podrida de la parte inferior del casco de mi nave, que aún no había respirado nunca, mientras las últimas gotas de agua de la madera empapada se iban precipitando al mar.
Muchos de mis hombres se asomaban a la cubierta, asombrados, testigos de algo que sus ojos no podían creer. Will sin embargo reía a mi lado, como quien ríe el que descubre que es cierta una vieja historia en que siempre ha creído y todos le negaban, como si con su risa pudiese decir -”¿Veis, incrédulos? ¿Veis como sí podía?”-.
Una figura imponente en medio del océano, y en el centro de la proa, la silueta de un loco con los brazos extendidos para que el aire fresco le acaricie, cómplice. El viento le devuelve la sonrisa y le abraza.
He entendido muchas cosas… no sé donde está mi Norte, ni sé conjugar el orden con mi día a día. Pero sé que quiero y puedo estar siempre un poco más cerca.
No lo he soñado. Lo estoy soñando.
Acerca de esta entrada
Actualmente estás leyendo “Cerca,” una entrada de Bruno Abarca.
- Publicado el
- 04 de August de 2007 a las 16:35
- Categoría:
- Carta desde..., Reflexiones

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