En Spotify, música de cine para alinear neuronas

Si no quieres leer el tostón de artículo, tienes el enlace aquí:

Las bandas sonoras de cine no son grandes por sí mismas, sino por su capacidad para acompañar momentos de magia, imágenes, personajes, encuentros, desencuentros, emociones, viajes, pensamientos, rabia, fuerza, tristeza, comedia, inocencia, cambio, heroísmo, ruido atronador o silencio. Una vez que las conoces, eres capaz de encontrar entre todas ellas la música que te acompañe en un viaje, que te anime a afrontar un reto, que te tranquilice en medio del ruido y, ¿por qué no?, que alinee tus neuronas.

Esta afición, unida a haber tenido que echar muchas horas delante de los libros durante la carrera, ha hecho que yo no sepa estudiar sin mi música de fondo, sin mis bandas sonoras. Simplemente, me ayudan a concentrarme.

Hoy me animo a ofreceros por aquí un recopilatorio de algunos de estos temas en Spotify, un programa gratuito y legal con el que escuchar música a través de internet. La recopilación, titulada “Bandas sonoras para alinear neuronas“, y formada íntegramente por música de cine instrumental (con algún coro de fondo como mucho), seguirá creciendo conforme siga yo escuchando nueva música, y siga Spotify incorporando bandas sonoras a su archivo. En ella encontraréis:

  • Piezas de música incidental: Son temas instrumentales muy tranquilos, algunos guiados por un “leitmotiv” que le de identidad aludiendo a un personaje o emoción, y otros en los que la melodía apenas es reconocible. Una vez estés concentrado, probablemente ni te enteres de que estás escuchando música, aunque te ayudarán a aislarte.
  • Temas con un ritmo progresivo: Cada uno tiene sus manías. Una de las mías es que de vez en cuando, mientras estudio, necesito escuchar uno de estos temas. Suelen tener una cadencia bastante repetitiva en la que progresivamente se van sumando instrumentos o se van superponiendo melodías más complejas. Por la razón que sea, me ayudan a recuperar el ritmo de estudio cuando estoy cansado, sobre todo al final del día. En ocasiones he puesto alguna de estas canciones en modo repeat y he estado escuchándola continuamente durante horas o un día entero. He dejado muchas de estas canciones fuera de este recopilatorio porque algunas desentonan mucho con el resto de la recopilación y rompen bastante el ritmo. Si alguien quiere algo más de este tipo, le recomiendo que busque obras de compositores como Hans Zimmer y algunos de “su escuela”: Steve Jablonsky, Klaus Badelt, Harald Kloser, o Harry Gregson-Williams, entre otros.
  • Temazos épicos: Llamadme friki, pero cuando estoy agobiado enfrente de los apuntes y las ideas catastróficas empiezan a rondar mi cabeza (”voy a suspender fijo”, “soy incapaz de aprenderme esto”, “no doy para más”, “no puedo con la carrera…”), me pongo algún temazo épico-heroico y la moral vuelve a su sitio. Da igual que durante los segundos de subidón musical me descentre un poco. En cuanto pasa ese momento me vuelvo a poner con ganas renovadas.

A estas alturas, o me estás agradeciendo que haya hecho esta recopilación musical y quieres escucharla, o te estás preguntando como alguien tan friki ha completado su carrera de medicina… :) En cualquier caso, espero que os guste. Acepto sugerencias, tanto para añadir como para quitar temas. También os animo a que me paséis alguna recopilación vuestra, del tipo musical que sea.

Escrito el 06/01/09 19:16 | 6 comentarios | Archivado en: Cosas

Cuanto más lejos está, más pequeño se ve

Lo lejano se ve pequeño. Lo futuro, porque uno no sabría poner ni rostro ni lugar ni tiempo a las formas que se ven venir. Lo pasado, porque uno sólo juega a disfrazar instantáneas de recuerdos, y de identificarlas con un amasijo de emociones. En ello reside la gracia de todo: en saber que lo que hoy se ve pequeño en el futuro, mañana se verá grande, y pasado mañana de nuevo pequeño, al dejarlo atrás. Hace bien quien decide vivir su momento presente desde lo más alto. Desde ahí los horizontes se expanden, y uno ve todo mucho mejor.

Escrito el 05/29/09 19:55 | 1 comentario | Archivado en: Cosas

Ridiculizacionismo

El ridiculizacionismo es un pobre recurso argumental de urgencia, que se aplica con varios fines concretos:

  • Poner nervioso a tu interlocutor.
  • Sustituir una (obvia) carencia de argumentos serios.
  • Intentar zanjar el debate por medio del agotamiento.

Dadas dos opiniones, “A” (que tú defiendes) y “B” (que defiende tu oponente), y llegado el momento en que te sientes incapaz de seguir defendiendo tu postura a favor de A, puedes recurrir al ridiculizacionismo, que se articula en tres sencillos pasos: 1) Exagerar B hasta el extremo; 2) Identificar ese “B extremo” con la postura de tu oponente (lo cual le irritará); 3) Ridiculizarlo (y al estar ya irritado, será aún más gracioso).

El ridiculizacionismo dio sus primeros pasos en los programas del corazón, para después pasar al territorio de la política nacional e internacional, y terminar asentándose en nuestras discusiones del día a día. Hemos crecido con él, y lo hemos incorporado automáticamente a nuestro repertorio de habilidades sociales, junto a la improvisación de temas de conversación o la capacidad de liderazgo.

Para un ridiculizacionismo óptimo, varias condiciones deben darse al mismo tiempo:

  • Estar rodeado de gente. El ridiculizacionismo tiene todo su poder en el público, siempre y cuando esté ya tan aburrido con el debate o discusión que esté deseando tener algo de lo que reírse.
  • Utilizarlo de manera recurrente. Da igual que sepas que es una técnica sucia, sin ningún pilar que la fundamente, o que no vaya a llevarte a ningún sitio. Si lo usas con cierta continuidad, tu público ya identificará a tu rival con tu chiste, y estará deseando que aparezca. Es como el gag fácil que todo el mundo espera que sueltes tú primero. Suéltalo, y te ganarás tu legión de seguidores, ansiosos por vitorear tus logros y verte ganar la partida.
  • No debes referirte a él como ridiculizacionismo. La demagogia está ahí para que la uses, así que debes dejar siempre claro que lo que haces es por un bien común mayor, que lo que tu oponente defiende no merece ser escuchado, y que si tú lo ridiculizas es porque tienes algo mucho mejor que ofrecer, aunque nunca digas qué es. No falla.

Estos pilares son bien sólidos. Es por eso que con facilidad se financian costosísimas campañas políticas que triunfan a pesar de estar lideradas por personas de las que nadie se fía, con ideas improvisadas en las que nadie en su sano juicio depositaría su confianza, y que sólo giran en torno a las descalificaciones del oponente (y las críticas a las descalificaciones con que él responda). ¿Por qué triunfan? Por estar amenizadas por pequeños detalles ridiculizacionistas, que compiten por salpicar de humor los vergonzosos argumentos del interlocutor de tu bando. Sí, vergonzosos. Pero anda que los del otro bando…

Escrito el 05/28/09 20:43 | 4 comentarios | Archivado en: Política, diccionario social

Los poros de los condones, el SIDA y el Papa

Estoy hasta las narices. Ya no sólo de que se manipule a la gente, sino de que los manipulados estén convencidos de que deben convencer a cuanta más gente mejor de lo que a ellos les han transmitido. Y no aguanto más, necesito abrir la boca y opinar. No voy a dar dogmas, sino opiniones. Es más, seguramente mis opiniones sean bastante repetitivas, que no soy el primero en hablar de estas cosas…

Las “opiniones” del Papa

Cada vez que escucho o leo en la prensa que el Papa ha dicho algo me pongo a temblar, por dos razones:

  • a) Por lo que haya dicho. Después de todo, el Papa es un líder religioso, no un abogado, ni un médico, ni un sociólogo, ni un filósofo, ni un estadista, ni un psicólogo, ni un sexólogo, ni un educador, ni un ingeniero, ni un arquitecto, ni un padre, ni una madre, ni un científico. Por esa razón, muchos de los comentarios que hace pueden tener tanto criterio y fiabilidad como los tuyos o los míos, y puede equivocarse o incluso mentir. ¿Cómo puede hablar el Papa con tanta firmeza del SIDA cuando no es un profesional sanitario ni tiene experiencia en ese campo? Porque simplemente opina.
  • b) Por la importancia que se le de a lo que diga. El Papa es un líder, por lo que sus opiniones son tomadas como dogmas de fe por aquellos que sólo escuchan lo que quieren escuchar. Cada vez que el Papa abre la boca sus palabras resuenan por todo el mundo. Sus seguidores le dan volumen a su mensaje, pero ojo, no le dan más fiabilidad, mejor criterio, ni mejor calidad.

¿Que el Papa tiene consejeros? Pues sí. Pero esos consejos no se limitan a lo que es verdad, sino a lo que a la Institución le interesa transmitir al público. Lo mismo ocurre con cualquier partido político o cualquier empresa. Alguien debió aconsejarle a Rajoy que dijera que del Prestige sólo salían pequeños hilitos como de plastilina, y alguien debió aconsejarle a Zapatero que negara que la crisis estaba ya aquí. Los consejeros dan consejos para ganar votos, y aún así a veces se equivocan.

Los poros de los condones

Me hierve la sangre cada vez que leo, de una fuente vinculada a la Iglesia, que los condones no son efectivos para combatir el SIDA. A veces he llegado incluso a leer que algunos religiosos han afirmado que los condones tienen poros por los que puede penetrar el virus del SIDA. Decir que los líderes religiosos se equivocan en esto sería insuficiente. Los líderes religiosos, al afirmar que los condones no sirven, MIENTEN, y son perfectamente conscientes de ello.

Un condón, bien usado, previene los embarazos y evita el contagio de algunas enfermedades de transmisión sexual, entre las que se encuentra el SIDA. Esto es indiscutible, y está científicamente probado. Si a veces fallan no es por defectos del condón, sino por errores en su uso, debidos a la falta de educación sexual.

¿Cuál es el argumento de algunos líderes religiosos? Ellos afirman que la gente se confía en los condones, tiene relaciones creyéndose seguros, y que el virus entonces se transmite. Yo tengo un argumento diferente: los líderes religiosos se oponen a la educación sexual, la gente tiene relaciones sin condón o usándolo mal, y entonces se contagian.

Decir que hay que evitar el uso del condón porque la gente se confía en su uso, tienen relaciones y entonces se transmite el SIDA es tan absurdo como manifestarse contra el uso del casco por parte del motociclista. Total, el casco hace que el motociclista se confíe al conducir su moto y tenga el accidente.

El caso de Uganda

En toda discusión sobre este tema siempre hay alguno que va y dice: “Pues es que no conoces el caso de Uganda. En Uganda se ha erradicado el SIDA promoviendo la abstinencia sexual y sin repartir condones”. Desglosaré mi opinión en varios puntos:

  • La información sobre el caso de Uganda está completamente sesgada. Cuando uno busca información al respecto, descubre que la mayoría de fuentes que citan la ausencia de condones como principal factor de éxito están vinculadas a la Iglesia. Cualquier otra fuente independiente, basada en criterios científicos, aplaude el caso de Uganda, pero no dice que se haya conseguido quitando los condones, sino que han sido un factor más de los muchos que han contribuido.
  • La estrategia ABC contra el SIDA incluye también el uso del condón. A es para abstinencia, B para fidelidad (”Be faithful”) y C para condones. La estrategia ABC, usada en Uganda, incluye las tres cosas: primero, practica la abstinencia sexual hasta que tengas una pareja estable de quien te puedas fiar y hasta que te sientas preparado, después, se fiel a esa pareja y usa condones en tus relaciones. ¿Con qué clase de cinismo se explica una ABC sin la C?
  • ¿Qué le han hecho los condones a la religión para que ésta los odie tanto? Promover la abstinencia sexual puede ser perfecto para ciertos grupos sociales, o ciertas edades. Promover la fidelidad también es útil para otras poblaciones. Y promover el uso del condón en tus relaciones también lo es. ¿Y el uso combinado de estos tres ejes? Pues aún mejor. Una estrategia basada en un sólo eje (ya fuera la abstinencia, la fidelidad, o el uso de condones exclusivamente) habría fracasado, probablemente.
  • En Uganda ha habido más que abstinencia. Hay que ser un cínico, o muy poco crítico, para creerse a pies juntillas que ha bastado con la estrategia ABC para reducir la incidencia de SIDA. En Uganda ha habido una enorme financiación extranjera, un gran compromiso político, y unas impresionantes campañas de concienciación sobre el SIDA y de educación sexual en colegios. Cuando alguien afirma que la abstinencia sexual ha sido la responsable de reducir la incidencia de SIDA, o no sable de lo que habla, o miente para manipular y transmitir un mensaje moral más grande.
  • Organismos internacionales han manifestado su preocupación por la falta de condones. Algunos sectores han querido hacer una interpretación partidista del éxito de Uganda diciendo que los condones no han sido necesarios y están tratando de evitar su distribución en el país. Esto podría llevar a una catástrofe sanitaria, según organismos de Naciones Unidas y analistas independientes.
  • No todo es perfecto en Uganda. El SIDA ha disminuido, pero no se ha erradicado, ni mucho menos. La estrategia combinada de abstinencia, fidelidad y condones, sustentada por una gran financiación y compromiso político, ha ayudado a disminuir la transmisión del SIDA, pero aún queda mucho por hacer. Ciertos colectivos, como el homosexual, sigue marginado, prohibido y estigmatizado en la sociedad, y nadie trata de hacer campañas contra el SIDA orientadas a ellos.
  • Uganda no es el único caso de éxito en la lucha contra el SIDA. En ocasiones, decir una verdad a medias es como mentir. La mayoría de fuentes católicas instrumentalizan el caso de Uganda para tratar de convencer al público de que esa es la única estrategia posible. A veces incluso tratan de hacerle la guerra al condón, como si fuera malo. Lo cierto es que los dos protagonistas indiscutibles del éxito de la lucha contra el SIDA en países como Brasil, Camboya, Zambia, Tailandia, o República Dominicana son la educación sexual (incluyendo la responsabilidad en las relaciones y la importancia de la fidelidad) y la distribución de condones para su uso por los colectivos más azotados por la enfermedad.

El papel de la Iglesia

¿En qué cabeza cabe que quienes presumen de contribuir a la lucha contra el SIDA hagan lo posible por minar una herramienta contra la propagación de la enfermedad (el uso de condones), o traten de impedir que la educación sexual llegue a los colegios? No tiene sentido. Y si lo tiene, es desde la perspectiva de los intereses de la institución por mantener un poder que se le escapa de las manos, y no desde la perspectiva de los afectados por la enfermedad.

No soy anti-religioso. Ni mucho menos. Soy licenciado en medicina, me he educado en un colegio religioso al que le agradezco todo lo que ha hecho por mi, he recibido catequesis y he sido catequista durante cinco años, y actualmente hago voluntariado con inmigrantes en una parroquia. Que a nadie se le ocurra ningunear mis palabras radicalizándolas. Sin embargo, creo firmemente que ciertos estamentos de la Iglesia se han desviado terriblemente, y que por ello están haciendo mucho daño a la sociedad, siendo perfectamente conscientes de ello, aunque lo consideren un mal menor colateral en su camino.

Hay mucho que agradecerle a la Iglesia (en sus manos está una gran parte de la cooperación internacional, y muchos religiosos han optado por los más pobres incondicionalmente), pero también hay mucho que criticarle, sobre todo en temas como este. Si la Iglesia quiere hacer algo por el SIDA y no se siente cómoda repartiendo condones, que fomente la abstinencia sexual y la fidelidad, pero sin ponerle obstáculos al resto de organizaciones que trabajan a su lado incluyendo el uso del condón como uno de sus ejes estratégicos. Ninguna ONG dice que la abstinencia sexual o la fidelidad ayuden a propagar el SIDA, ¿a que no?. Pues qué menos que hacer lo mismo y trabajar con respeto hacia quienes también se esfuerzan por hacer frente al problema, con igual o más intensidad.

Yo no digo que la Iglesia no pueda opinar. Que opine, pero sin tratar de convertir en dogmas de fe argumentos más que discutibles. Que opine, pero desde el respeto y la tolerancia. Que opine, pero dando voz no sólo a su Papa, cardenales y obispos, sino también a sus religiosos de a pie y sus laicos, que son el pilar principal de la Iglesia, y seguramente tienen mucho más que decir, y pocas cosas que callar. Pocos curas y monjas de aldeas africanas se oponen al uso del condón.

Y para terminar, me encantaría que si mete la pata, pida perdón y se corrija. El Papa nos haría felices a más de uno con sólo decir que se equivocó con sus palabras del otro día en Yaoundé, y que apoya y admira a todos los que luchan para erradicar la pandemia del SIDA, ya sea educando en sexualidad a los jóvenes, dando poder a las mujeres para decidir sobre sus vidas y sus relaciones, combatiendo el machismo, enfrentándose al tráfico sexual defendiendo a sus víctimas (las prostitutas), promoviendo la fidelidad y la abstinencia sexual para retrasar el comienzo de las relaciones en las poblaciones más perjudicadas, facilitando el acceso a medicamentos antirretrovirales para todo el mundo, y repartiendo condones e información para usarlos correctamente.

Lo importante es el regreso

Nueve en la Ribera Sur del Támesis

Existen viajes y viajes. Viajes mediocres, viajes buenos, viajes maravillosos y grandes viajes memorables. Pero en todos ellos, lo menos importante, o lo que menos te va a marcar, es el viaje en sí mismo. Lo que importa es la vuelta. Volver, recapacitar un rato y pensar. ¿Qué cosas han cambiado en mi? ¿Qué cosas han cambiado, gracias a mi, en otros? ¿Se han reordenado algunas de mis prioridades? ¿Se han relativizado algunos de mis problemas? ¿Vuelvo y me lamento por no seguir allí, o vuelvo y sonrío por saber que, gracias a lo vivido, lo que venga será aún más emocionante y lo afrontaré con más ganas?. Esto es, sin duda, una de esas máximas universales que no todo el mundo conoce pero debería conocer. Curiosamente, da igual que sea un viaje de dos meses a Camerún o Argentina, que un fin de semana en la playa, que una semana en Australia o Serbia, tres días en Cracovia, un Camino de Santiago, o una visita a Londres, sea de unos días o un año entero. Desconozco otras, pero de esta máxima universal estoy tan seguro como de la de que “algo bueno va a pasar”. Y es que siempre pasa.

Las anécdotas, irremediables y únicas. Las fotos, imprescindibles y evocadoras (da igual que sean malas o buenas). La gente, el viaje, en sí mismo. Y yo, el viajero que, tras recorrer la pasarela de madera, cree tocar tierra para descubrir instantes después que sólo ha cambiado de barco, pero que éste sigue moviéndose, zarandeándose, y avanzando. A veces cambia el rumbo, a veces la velocidad, el despliegue de las velas, las olas con las que se rompe, y a veces el navío entero.

Me vuelvo con ganas de afrontar los retos que vengan, del comienzo de la vida laboral (laboral sí, pero que siga siendo Vida) y la independencia (como proyecto ilusionante), siendo consciente de que mi principal punto de apoyo sigue siendo el mismo que hace años: mi gente, que siguen siendo lo que soy, y lo mejor que hay en mi, como dice la canción.

¿Y Londres? ¿Qué es de Londres? Parece que sigue ahí, estático, como agradecido por la visita, y ansioso de que vuelva a charlar con él otro rato, dentro de unos años. Y desde luego que lo haré. No me lo perdería por nada del mundo.

Escrito el 03/03/09 15:30 | 1 comentario | Archivado en: Cosas

Títulos de crédito

Me gusta el cine. Muchísimo. Probablemente (o seguramente) no soy capaz de decir cuando una película es buena o mala, cuando es una obra maestra, cuando es una copia descarada de tal o cual película o director, o en qué otras veinte películas han actuado sus actores. Ni idea. Pero sé cuando una película me gusta, me emociona, me llega, encaja conmigo, me dice o me cuenta algo. Y también sé cuando todo me resultaba tan artificial que no me lo creía, cuando parecía estar consumiendo un producto prefabricado, o cuando me estaba aburriendo soberanamente. Tal vez sepa lo que tenga que saber, para dejarme sorprender.

Y de esas cosas que más me gustan del cine, son sus bandas sonoras. Y aunque aquí sí que entiendo algo más, cuestiones como si es buena o mala, si es exquisita o para su consumo en masa, si tal compositor lleva tantos años de declive o si crece a la sombra de tal otro autor, me suelen importar un bledo. Me importa que me gusten, que conecten conmigo, sean simples o complejas, delicadas o estruendosas y, sobre todo, que me cuenten una historia, que para eso son bandas sonoras de cine.

Las cosas han cambiado mucho en los últimos años. Nuevos compositores, nuevos estilos, nuevas copias de copias de copias (que no son tan nuevas), etc. Pero si hay algo que echo de menos de las composiciones de hace, hmm… ¿10 o 15 años? son esos temas únicos que se te quedaban grabados en la memoria desde una escena mítica, hasta horas, días, meses, años después.

Era un crío cuando estrenaron Casper en el cine. Pero desde que salí de la sala y durante los días posteriores, no dejé de tararear en mi cabeza su tema principal. Fue años más tarde cuando, al ver el CD de segunda mano en una tienda, comprarlo, y ponerlo en la minicadena, se me volvieron a saltar las lágrimas al escuchar el “Casper’s Lullaby”, o el “Descent to Lazarus” de Horner. Con Hook me ocurrió lo mismo, escena por escena, melodía por melodía. Es más, a día de hoy, creo que sería capaz de tararear su hora y media de música de principio a fin… y así otras tantas de algunos de los grandes, Williams, Horner, Goldsmith, Bernstein, Barry, Newton Howard, Shore, Menken, Poledouris, Portman, Kilar, Elfman, Delerue, Broughton, Jones, Zimmer, Newman (sobre todo Thomas, pero también Randy), Morricone, Illarramendi, Corigliano, etc.

Y gracias a ellos, he aprendido a valorar que el cine hay que disfrutarlo de principio a fin. Desde que uno entra en la sala, hasta que sale. Porque, si la película lo merece, hay que empaparse de sus escenas, su fotografía, su guión, sus actores, y su música, siempre su música. Y, pese a las restricciones que el guión o el montaje pueden imponer sobre el ritmo o el desarrollo de los temas, en muchas ocasiones al compositor se le hacen dos regalos. Uno en forma del comienzo de la película, donde a lo largo de uno o dos minutos, puede ir haciéndote intuir qué vas a ver, o como te vas a sentir. Y sobre todo, el otro, en los títulos de crédito, en aquellos casos en que el compositor puede disponer de 7 u 8 minutos para desarrollar su obra a su antojo, ya sea en forma de cierre para el resto de la historia, o en forma de una suite que aglutine aquellos temas y momentos que, consciente o inconscientemente, has escuchado minutos antes, acompañando a esas escenas clave que luego comentarás con otros.

En ocasiones no es así, y por decisiones de marketing o producción, se opta por obviar el trabajo del compositor, e incluir una cancioncita pop que abrirá el disco de “Music inspired by the movie…”. Lástima.

Pero cuando al compositor le dan esa oportunidad, y él nos la regala, hay que saber aprovecharla, y agradecérsela escuchándola. Grandes bandas sonoras se resumen en sus títulos de crédito. Grandes acordes suenan mientras muchos, la mayoría, se levantan ruidosamente recogiendo su caja vacía de palomitas. Esas personas, a las que tal vez les ha encantado la película, probablemente no saben que posiblemente, una de las cosas que más les ayudó a conectar con las imágenes, fue esa música que oyeron pero no escucharon, y que siguen sin escuchar.

¿He dicho que me gusta el cine? A mi manera, supongo.

Buenas noches.

Escrito el 02/07/09 3:40 | 1 comentario | Archivado en: Cosas

Fin del trayecto

Va de sensaciones, como siempre…

Por un lado, la sensación de libertad, de recuperar mi vida. Es como si la hubiese aparcado hace varios meses para dedicarme en cuerpo y alma a un viaje que me iba a suponer mucho esfuerzo, más del que se puede ver desde fuera. Estudiar me hace peor persona, y lo sé desde hace tiempo. Por eso te subes a ese tren con una sensación desagradable, mezcla de “tiene que ser así”, de “espero que pronto acabe”, de “espero mantener el equilibrio”, y por último, de “espero que todos sigan ahí a mi vuelta”.

Por otro lado, la sensación de que ya he llegado, de que mi gente está ahí, y que eso es lo que más me importa ahora. No sé si habré llegado a donde espero, si me habrán perdido las maletas, o si el esfuerzo se verá recompensado, pero creo que era tan duro como necesario, y me siento satisfecho de haber trabajado como no creí que fuera capaz. Pero sobre todo, me siento feliz de encontrar pancartas de bienvenida en la estación, que significan demasiado.

Gracias a todos los que me habéis acompañado o me habéis esperado en tierra. Llegadas como esta te hacen olvidar los momentos malos del viaje, subrayan los buenos, y te renuevan las fuerzas para todo lo que venga. Pues que venga. Gracias.

Escrito el 01/25/09 18:56 | 5 comentarios | Archivado en: Cosas
Blue lineRabbiSaint PaulFreedomEl turista
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    Entre las inmensidades de internet, un minúsculo rinconcejo, sin más. Sólo espero mantener las ganas de escribir en él de vez en cuando, de aquello sobre lo que me apetezca escribir. Y obviamente, con algunas reminiscencias de Roberts, Bastian y Will, supongo.

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