Cómo NO procesar tus fotografías (I). Hoy, el viñeteo

Errores en el procesado de fotografías: El viñeteo

Nada, que hace ya mucho tiempo que no escribo de cosas de fotografía, y me ha dado por ahí. Y exactamente me ha dado por comentar consejos técnicos en la edición digital de fotografías, desde la perspectiva contraria a la habitual: lo que no se debe hacer. Para evitar las suspicacias de los enfadicas, diré que ni soy un gurú ni pretendo jugar a serlo. Lo que yo comente aquí es una opinión, meramente subjetiva, de errores que yo mismo creo (creo, insisto) haber dejado de cometer. Si hablar de ello le sirve a alguien, maravilloso. Si no, pues menuda catástrofe, ¿no?. :) Pretendo hablar de muchas cosas (exceso de enfoque, desenfoques con photoshop, achedeerres, desaturaciones sosonas, etc.), pero nunca se sabe. Hoy, de cualquier manera, le toca al viñeteo.

El viñeteo consiste en oscurecer los bordes de una fotografía, y lo has debido ver millones de veces. Es muy retro, muy vintage, le da un nosequé a una foto sosilla en un pispás, y te dirige la mirada al centro de la imagen. Sin embargo, esta panacea del píxel resulta ya de lo más cansino, y más aún cuando se hace mal…

Viñeteo 1
Viñeteo 2
Viñeteo 3

El viñeteo puede tener su aquel, pero usado con moderación, y con sentido estético. Te sugiero lo siguiente:

  • Si utilizas el viñeteo porque algunas zonas de la foto (por ejemplo, el cielo en un paisaje) te quedaron sobreexpuestas, deja de hacerlo. En lugar de eso, corrige la luminosidad por zonas, de forma más selectiva. Con los pinceles del Lightroom 2 tienes de sobra.
  • Se acabó esa horterada de utilizar el viñeteo como marco para las fotos, venga, hombre, ya.
  • Si estás muy acostumbrado a ponerle viñeteo a tus fotos y ya eres incapaz de mirar una de tus fotos sin viñeteo con ojos normales, haz un ejercicio: Procesa la fotografía como te venga en gana, dejando siempre la foto original sin tocar en una capa aparte en photoshop. Cuando hayas terminado, pon la foto original encima del todo con una transparencia del 50%.
  • Si el viñeteo es tu vida y tu pasión, y no concibes la fotografía sin ello, al menos hazlo con un sentido estético. Si añades viñeteo como “Post-crop” (en Lightroom o Camera Raw) o como una capa semitransparente normal (en Photoshop), deja de hacerlo. Esta forma de añadir viñeteo te oscurece todo por igual, destrozando el contraste y dejando grises las zonas blancas. Si vas a añadir viñeteo en photoshop (pintando en negro sobre una capa transparente), pon esa capa en modo de “luz suave”, y si lo haces en Lightroom o Camera Raw, con la herramienta de “Lens Correction”. Esta segunda forma de añadir viñeteo re oscurecerá sobre todo lo que ya era algo oscuro, dando un efecto menos artificial.
  • Se suele decir que el viñeteo sirve para dar “dramatismo”. Plantéate si de verdad quieres expresar dramatismo con esa foto. En la mayoría de las veces verás que no.
  • Si añades viñeteo para guiar la mirada hacia el centro de la imagen, o para arreglar una luz fea, intenta aprender a manejar la luz, o a componer mejor, para no necesitar artificios como éste, del que te terminarás cansando (tú, y los que vean tus fotos).

Talibanismos ninguno. Quien nunca haya viñeteado de más, que tire la primera piedra. Pero eso sí, si te reconoces a ti mismo/a en una época de qué-chulas-quedan-todas-mis-fotos-cuando-oscurezco-sus-bordes, piénsatelo. Hay quien se queda estancado ahí…

Escrito el 09/01/10 21:58 | 6 comentarios | Archivado en: Fotografía

Kiva, solidaridad y justicia bien entendidas

¿Quieres ayudar económicamente a quienes más lo necesitan? ¿Y quieres hacerlo sabiendo a quién va tu dinero, sin complejos intermediarios, y sin paternalismos de ningún tipo? Pues de eso va Kiva, una organización que se dedica a facilitar que tú puedas hacer micropréstamos a emprendedores de países empobrecidos, con nombre, apellidos, soporte de otra organización local, y un proyecto en mente. Dicho de otra forma, Kiva es la primera plataforma online de micropréstamos.

Kiva

Yo me uní hace unos meses, porque me atrajo la idea, y me está encantando. Deja que te cuente mis razones…

Porque es sencillo, dentro de lo sencillo que puede ser

Kiva trabaja con organizaciones locales de microcréditos, en distintos países. Esta organización es la que presta el dinero, la que ayuda al emprendedor local a poner todo en marcha, y la que publica en Kiva su solicitud, mostrando a la persona beneficiaria y describiendo su proyecto. Tú puedes ver todas esas solicitudes, y donar la cantidad de dinero que prefieras, desde 25 dólares, a cualquiera de ellas. Cuando la persona beneficiaria ponga en marcha su proyecto, y consiga recuperar el dinero prestado, te lo devolverá a través de Kiva.

Porque funciona con Paypal, y no se pierde dinero en el camino

A muchos nos encanta Paypal. Es una forma segura y cómoda de hacer y recibir pagos por internet. En el caso de Kiva, todo funciona a través de Paypal, tanto al prestar dinero, como al recibirlo de vuelta. Y en caso de que estés preguntándote por el dinero que se pudiera perder en el camino, Kiva es la primera organización que Paypal ha decidido apoyar con operaciones sin comisiones. Lo que dones llegará íntegro a Kiva, de ahí a la organización local, y de ahí a la persona beneficiaria. La organización local sí puede cobrar intereses a la persona beneficiaria, para poder mantenerse, pero Kiva vigila que esos intereses sean justos y apropiados.

Cuando el préstamo sea devuelto, puedes hacer tres cosas con tu dinero: Retirarlo a tu cuenta bancaria, volver a financiar con él otro proyecto, o donarlo a Kiva, para apoyar sus gastos internos. Simplemente, lo que tú prefieras. Del mismo modo, al hacer el préstamo, puedes elegir hacer una pequeña donación a Kiva, y si no, no.

Porque FUNCIONA. Mucha gente presta, mucha gente se beneficia

Visita durante un rato la sección de préstamos y verás como muchos proyectos se van financiando sobre la marcha. Es más, si entras a hacer un préstamo que ya está casi financiado del todo, y tardas un par de minutos en hacer click, es posible que otro prestamista se te adelante. No es ninguna tontería. Es absolutamente admirable como, proyecto tras proyecto, todos se van financiando. Las cifras son espectaculares:

  • Más de 475.000 personas han contribuido ya a financiar más de 216.000 proyectos, en 53 países, y a través de 120 organizaciones locales. Más del 80% va para mujeres emprendedoras.
  • En 2008 la plataforma recibía un préstamo cada 31 segundos. Esta semana se ha recibido un préstamo cada 14 segundos.
  • De media, cada proyecto requiere una financiación de 385 dólares, y se financia por completo en unas 27 horas.
  • El 98,85% del dinero prestado consigue ser devuelto por los beneficiarios, tras poner en marcha su proyecto.

La transparencia es otro aspecto clave. Tienes acceso a mucha información, actualizada, de las organizaciones locales que prestan finalmente el dinero: el interés que cobran, o el porcentaje de préstamos que son devueltos con retraso, o no devueltos (En total, menos del 1,15%).

Porque te sientes acompañado

Kiva tiene un cierto aire a red social. Pero bien hecha. Tienen blog, cuenta en twitter, están presentes en facebook, cada prestamista/colaborador puede tener su propia página de perfil, y puedes formar grupos con otros colaboradores de todo el mundo. El grupo de España, pese a ser poco numeroso, tiene más de 300 miembros que han prestado a día de hoy más de 170.000 dólares. No es un concurso, no se sabe cuánto presta cada uno ni interesa saberlo, pero sí estimula sentirse acompañado. Deberían (deberíamos) ser ya miles.

Puede parecer una tontería, pero a mi no deja de impresionarme ver como entre 50 personas de más de 20 países se logran cubrir los 1200$ que una mujer boliviana necesita para poner en marcha, o mejorar, su negocio.

Porque estimula la continuidad

Esto no es una telemaratón, ni una donación puntual. Es más. No es una donación. Es un préstamo. Un préstamo que haces hoy para ayudar a alguien que lo necesita ahora, y que te devolverá más tarde. Será en ese momento cuando decidas si el dinero vuelve a ti, o si vuelves a darle otra oportunidad a otra persona.

Porque apuesta por la dignidad y no es paternalista

En Kiva no verás fotografías de niños desnutridos, ni grandes carteles que te digan en mayúsculas “Te necesita”, ni eslóganes que te pongan a ti por encima del beneficiario en una relación de dependencia. No. Aquí ves proyectos de personas que tienen iniciativa, ganas de trabajar, y la capacidad de poner en marcha un proyecto empresarial, por pequeño que sea.

Kiva no deja de crecer. Cada semana se unen 2500 nuevos colaboradores dispuestos a prestar microcréditos sin intereses a pequeños emprendedores de todas partes del mundo.

Bueno, yo al menos ya te he contado por qué me gusta. Ahora si lo quieres probar, adelante.

Escrito el 08/31/10 17:06 | 2 comentarios | Archivado en: Cooperación, ONG

De la pobreza

El hecho es que la mayoría de los que viven en Occidente no saben cómo es la pobreza real. Y si tú eres como la mayoría de la gente, seamos honestos: a veces es necesario ser testigo de “como vive la otra mitad” antes de poder entender por qué es tan importante que ayudes a cambiar las cosas.

Meredith Slater, en Global Poverty.

Por suerte, he podido ver esa pobreza de la que muchos hablan, aparte de la que habita en nuestras ciudades. La he visto en pequeños pueblos desérticos aislados en el noroeste de Argentina, en la desordenada urbanización y las calles sin asfaltar de las grandes ciudades camerunesas, en las profundas diferencias sociales y de género del medio rural del Oeste de Camerún, en la incomunicación y marginación de comunidades indígenas y afroecuatorianas en Ecuador, o en las famosas venas abiertas de las que Galeano hablaba: si Alonso Quijano puede ver gigantes en molinos, yo veo venas en los larguísimos oleoductos que recorren el país como intentando desangrar la tierra. Y no soy de los que dicen ver en el fondo de todo las sonrisas de los niños, ni en un atardecer el romanticismo de un continente. Las simplificaciones se las dejo a otros, que a mi todo me parece complejamente enorme (o enormemente complejo, como prefieras).

Si te preguntas como es, yo te respondo, en la medida de lo que conozco: la pobreza es fea y es una mierda. No me vengas con eso de que se puede ser feliz igualmente y tal, que eso es otro tema. La pobreza no es romántica, ni poética, ni la parte central de una película que se resuelve al final.

Pacífico

Pobreza es enfermar y no saber si te curas o no. Es enfermar sin tener como principal opción la de curarse, porque el médico está lejos, porque el viaje es caro, porque las medicinas son caras, porque en el trabajo diario se consigue comida o materias primas pero no dinero, que se cotiza a otro nivel. Es no saber si el médico, que no es médico, sino enfermero, auxiliar o curandero, entenderá lo que te pasa, si podrá darte las medicinas que necesitas. Es pensar con un hemisferio que necesitas curarte, y con el otro que no tienes los medios para pagarte tu cama en el centro, o que de las dos medicinas recetadas sólo puedes comprar una, la más barata, sea de lo que sea. Es tener que recurrir a un chamán, o a un charlatán que dice vender barato un jarabe que lo cura todo.

Pobreza es escuchar una y otra vez a gente decirte que tienes que hervir el agua para no ponerte enfermo, cuando en realidad no terminas de entender bien qué relación hay entre ambas cosas, cuando hervir el agua supone tener leña para calentarla y un recipiente limpio donde poder dejarla luego tapada para que se enfríe. Pobreza es no poder tener agua cuando quieras, o tener que echarle algo para quitarle el mal sabor, o depender de que el ambiente no contamine demasiado el agua de lluvia, ni la industria el agua del río.

Pobreza es saber, de oídas, que es bueno que los niños estudien y aprendan, pero no poder pagarles la asistencia a una escuela de educación primaria, con una formación insuficiente para competir luego por una plaza en secundaria. Pobreza es suspirar porque al hijo que pudiste mandar a la ciudad a seguir estudiando le vaya bien en ese barrio, que no es bueno. Pobreza es querer volver a tu pueblo porque la ciudad te asusta.

Pobreza es no tener ni la capacidad, ni los medios, para negociar con nadie más rico que tú. Es asumir que a los enfermeros o maestros no se les puede exigir nada más, que tú no eres nadie para mejorar la forma en que se gobierna tu región o país. Es aceptar cualquier migaja de una petrolera a cambio de dejarles explotar tu entorno natural, sin que nadie con formación te advierta de los peligros que eso conlleva. Es negociar con balanzas trucadas. Es no poder discutir sin un guantazo el uso del condón, ni decidir cuántos hijos vas a tener, ni ser quien decide en qué se gasta el dinero en tu casa. Es que la justicia y los derechos vayan del lado del que tiene dinero, y los deberes y obligaciones del tuyo. Es llevar las de perder, siempre.

Pobreza es construirte tu casa con tus propias manos, en medio de la tierra, con barro y madera. Pobreza es trabajar a cambio de menos de lo que necesitas para vivir, o no trabajar. Pobreza es renunciar a tus derechos laborales y humanos a cambio de unos ingresos, por pequeños que sean. Pobreza es querer emigrar para vivir miserablemente pero pudiendo mandar dinero a casa, a una casa que ahora a queda a montones de kilómetros y meses de distancia, y en la que se enorgullecen de ti.

Pobreza es que todo el mundo con dinero crea saber lo que tienes que hacer, pero ninguno quiera ayudarte a hacerlo, y aún menos ponerse en tu piel. Es ser incapaz de imaginar que todo podría ser mejor, porque quien está por encima tuyo te lo oculta sin que te enteres.

No me entiendas mal. No hay una pobreza. Hay millones, cada una es diferente, y ni las conozco ni las conoceré. Tampoco, aunque hable en segunda persona, la he vivido en primera. Pero eso no le quita un ápice de realidad a las caras, nombres y apellidos, que hay detrás de todo esto.

Escrito el 08/17/10 10:47 | 6 comentarios | Archivado en: Cooperación, Excluidos, Reflexiones

Giovanni

Tiene 22 años. Está estudiando Económicas en la Universidad Estatal de Quito en horario nocturno, compaginándolo con su trabajo en la oficina que Medicus Mundi Andalucía tiene en Ecuador, por el que cobra poco más de trescientos dólares mensuales (un buen sueldo para ser el primero). Lleva parte de la contabilidad y los papeleos. Quiere formarse mejor, pero no sabe si sacarse el carnet de conducir o tratar de aprender inglés. Vive en un pequeño departamento (dormitorio con baño) al sur de la ciudad, que una amiga de sus padres le presta gratis. Me acompañó como guía a conocer el Centro Histórico y algunos puntos turísticos de la capital, aunque nunca los había visitado antes y fue un turista más, cámara en mano.

Es el único de cuatro hermanos que está estudiando o trabajando fuera de donde nació, en un pueblo de Cotopaxi, a unas dos horas de la capital. Contribuye en lo que puede a ayudar económicamente a su familia, que vive de lo que cultivan en el campo, y viaja para allá todos los fines de semana, para estar con ellos. Juega al fútbol en un pequeño equipo local, que se clasificó bien el primer año, descendió de categoría el segundo, y vuelve a subir el tercero. Escucha más de lo que habla, y es amable en cada gesto. Le atracaron una vez, a patadas. Le gustaría poder vivir en el campo y sin preocupaciones, como dice él, porque las grandes ciudades como Quito le agobian. Sus padres no suelen venir a la ciudad porque no les gusta.

Hoy le propuse ir al cine, a ver la última de Tom Cruise y Cameron Díaz y aceptó. Era la segunda vez que iba al cine. La primera fue hace 7 años, en una excursión del colegio, en la que vieron un documental sobre el aborto. Sólo me ha dejado que le invitara al cine a condición de que él me invitara a cenar. A la salida de la película, se ha despedido del acomodador con un apretón de manos.

—¿Le conocías? —pregunto.

—No. Me tendió la mano.

Escrito el 08/04/10 18:54 | 1 comentario | Archivado en: Globalización, ONG

A corto plazo

Uno no es joven eternamente. El mismo oxígeno que te llena los pulmones es lo que a la larga oxida esas bisagras que antes se movían con una facilidad pasmosa.

Aunque estoy haciendo lo que quiero hacer, a veces me siento cansado, superado. No por las condiciones físicas (que pueden ser duras), ni por las dificultades en la comunicación, que cuando se superan tampoco consiguen llenar del todo el vacío. Debe ser algo más, y debe estar dentro, bien dentro, tal vez en lo que uno desea.

Con el tiempo unas cosas dejan de tener una importancia que en otro tiempo fuese capital, y otras cosas ocupan su lugar. Cuando uno cambia, cambia lo que desea, y cuando los objetivos implican retos de considerable tamaño, los apoyos necesarios para mantenerlos en pie también necesitan un refuerzo. Una vuelta de tuerca.

Intento diagnosticar y diagnosticarme, porque en parte no me entiendo. Y creo que, no sin esfuerzo, termino llegando al quid de la cuestión, que posiblemente sea tan humano como simple, y en parte egoísta: la necesidad de sentirse útil. De no hacer cosas por otros, uno termina queriendo todo para sí, creyéndose protagonista de todo. La sensación puede ser parecida cuando lo que se hace por otros se ahoga en medio de la burocracia, lo relativo de lo indirecto, sufrimientos colaterales, o esos “a largo plazo” que a largo plazo sólo sirven si en el camino hay montones de cortos plazos que le den sentido y renueven la fuerza y las ganas de. Y no, ese “a largo plazo” no me deja sentir, vivir lo vivible, ni disfrutar del todo.

Tal vez sea por inmadurez o, como quiero pensar, justo por lo contrario, por haber crecido, vivido otras cosas, y priorizado elementos fundamentales para mi que ahora me quedan lejos (o más cerca que nunca, según se mire). Es más, creo que, por lo que veo en muchos, esta epidemia salpica a más de los que lo creen. Necesito reforzar mis pilares para mantenerme en pie, y todos, absolutamente todos, pasan por sentir que lo que hago sirve para algo y para alguien. Porque si lo que hago lo estoy haciendo sólo por mi, créeme, no me merece la pena, ni el esfuerzo, en lo más mínimo.

Hoy está ya oscuro, aunque siento clarear algo por dentro, a pesar del cansancio y gracias a este rato. Mañana, cuando amanezca, pienso hacer que amanezca todo. Las cosas siempre pasan por una razón, y a menudo se nos olvida buscarla. Ya era hora de hacerlo.

Un abrazo. Y aún más fuerte a todos aquellos que os peleáis a corto plazo por unos largos plazos que a veces parecen inalcanzables, o casi inexistentes. En lo que a mi me toca, gracias. Existen.

Escrito el 07/29/10 3:20 | 3 comentarios | Archivado en: Carta desde..., Cooperación, Reflexiones

De la identidad

Cuídate. Ten cuidado. Llama cuando llegues. Disfruta y vívelo todo. Haz muchas fotos. Vuelve pronto. Sigue dando vértigo, como el primer día y la primera vez. Viejas sensaciones que ya creías superadas rejuvenecen. Cualquier cosa te emociona un poco más, tienes mil pequeños miedos por mil pequeñas cosas, y la ilusión se mezcla con la envidia de lo bien y lo tranquilo que se está en casa. Valoras un poco más (si cabe) el hilo que te une a pareja, familia y amigos. Ordenas que desplieguen las velas, vuelves a acariciar la madera del alcázar y el timón, y te cruzas una mirada de confianza con ese viejo cirujano, hoy más experimentado y tranquilo. Tras el primer movimiento de la nave, ordenas al vigía comenzar a buscar señales al otro lado del océano, mientras cruzas discretamente los dedos para que todo esté bien y para que algo bueno pase.

En el salón de mi casa, Galeano me lo repite día tras día:

Desatar las voces, desensoñar los sueños: escribo queriendo revelar lo real maravilloso, y descubro lo real maravilloso en el exacto centro de lo real horroroso de América.

En estas tierras, la cabeza del dios Eleggúa lleva la muerte en la nuca y la vida en la cara. Cada promesa es una amenaza; cada pérdida un encuentro. De los miedos nacen los corajes; y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios, otra razón.

Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día.

En esa fe, fugitiva, creo. Me resulta la única fe digna de confianza, por lo mucho que se parece al bicho humano, jodido pero sagrado, y a la loca aventura de vivir en el mundo.

Fuertes abrazos a quienes corresponda. Nos vemos.

Escrito el 07/05/10 11:09 | 4 comentarios | Archivado en: Carta desde..., Reflexiones

Estudiando la participación comunitaria en salud, ¿recomendaciones?

Leo mucho y escribo poco. Creo que precisamente se debe a que cuanto más estudio un tema, más me doy cuenta de las cosas que aún no conozco, de lo verdes que están mis conclusiones, y de la vergüenza que me da hablar de ellas. Y sin embargo, tengo cosas para decir. Precisamente por estas razones, hoy me planteo algo diferente. Yo aporto algo y, si queréis, vosotros me aportáis a mi, que me vendría fenomenal.

Para poneros en situación os cuento que estoy enfrascado en un pequeño proyecto de investigación en Salud Pública, que pretende estudiar las dinámicas de participación social en la estrategia de salud de una comunidad indígena en Latinoamérica. Allí se está implicando a la comunidad mediante un modelo participativo de promoción de salud y epidemiología, y lo interesante será saber qué funciona, y que está verde; hasta qué punto se implica la comunidad y por qué; hasta qué punto una metodología adecuada de abordaje de los problemas de salud locales puede reforzar la cohesión de una comunidad pobre; y sacar conclusiones, acerca de lo que podría cambiar, y de lo que funciona tan bien que debería ser aplicado en otros ámbitos.

Haré observación participante, entrevistas con un guión semiestructurado pero flexible, y luego análisis de contenido (¿debería usar otro tipo de análisis?). El tema de fondo no me pilla de nuevas (aunque la parte metodológica sí). Ya participé en un proyecto en Camerún, desde su gestación hasta su puesta en marcha y evaluación, en el que se capacitó a promotores de salud y se trató de darles herramientas para la autogestión. También hice otro trabajo de investigación revisando (en papel) proyectos de cooperación en salud en el Sur que se autodenominaran “participativos y empoderadores”, para ver hasta qué punto realmente lo eran. Y el tema me apasiona. Se podría decir que ya llevo en mente algunas cosas claras:

  • Si las cosas se hacen bien, la comunidad puede implicarse muchísimo, y en todos los niveles de la estrategia. Esto puede hacer que la intervención funcione mucho mejor y logre los objetivos que realmente a la comunidad le interesa que logre.
  • Hacer las cosas “bien” es más complicado que decirlo. Requiere que los “outsiders” sean lo menos “outsider” posible, que tengan unos principios éticos y metodológicos férreos, que ningún objetivo (ni intereses ocultos) se ponga por encima de darle voz y herramientas a la comunidad para cambiar, si lo desean, su realidad, y una dedicación muy flexible en mucho tiempo. Para que además, esto se mantenga en el tiempo, hace falta seguimiento, seguimiento, seguimiento, control, evaluación, seguimiento, evaluación, y seguimiento. ¿He dicho seguimiento? Pues también: seguimiento. Si no, se tambalea y se cae.
  • Eso de que la participación se articula en niveles y que esos niveles empiezan con la “información” es una patraña como un castillo. La información no es participación, es información. Y decir lo contrario es prostituir un término valiosísimo. La participación va mucho más allá de informar, para también capacitar en formación y habilidades, reforzar la cohesión local desde la equidad, acompañar a los que participan en sus avances, ofrecer apoyo técnico sin imponer objetivos, adaptarse al ritmo y forma de hacer local y, estimular al cambio en las relaciones de poder y toma de decisiones. Luego ya, en todo este proceso, por supuesto, hay grados, pero un mínimo es o debe ser exigible, y ese mínimo tiene que ser más que la simple información.
  • Aquí, en nuestro contexto, por una cuestión cultural o por la organización del sistema sanitario, participamos poco y mal. Por supuesto que hay iniciativas buenísimas y valiosísimas, pero son islotes de horizontalidad en un mar vertical y burocratizado, donde hasta la más mínima participación depende más de la forma de trabajar de algunos buenos profesionales, que de unos principios institucionales. Una lástima, para todo el dinero y recursos formativos que tenemos.
  • La participación vende. Si no se pone en la documentación de un programa de salud, malo. Pero de ahí a que realmente se participe va un trecho. Ya hemos dicho que no es algo que surja cual vulgar champiñón silvestre, sino que si no se busca, se estimula con rigor y se mantiene con seguimiento, no aparece, o desaparece en un suspiro. La participación, en términos occidentales institucionales, viene siendo como lo de Ricky Martin y la nocilla, que todo el mundo habla de ello sin que nadie la haya visto.
  • En el Sur, y en ciertos proyectos concretos con áreas marginadas y comunidades rurales, se desarrollan estrategias y metodologías impresionantes. Ejemplos hay de que se puede hacer bien. Importantes centros de investigación de todo el mundo han trabajado en estas ideas a lo largo de un montón de años, y la cooperación sur-sur ha contribuido a su expansión, que aún no ha llegado a todas partes.
  • Al que el término participación le aburra, es porque lo ha visto más veces escrito en papeles, que en el mundo real. La participación de verdad es de todo menos aburrida. En los papeles, sin embargo, disfruta rodeándose de retórica y palabras de muchas sílabas.

Os digo la verdad. Lo de antes era un 50% cosas que me apetecía compartir, y un 50% criba de lectores. Si has llegado hasta aquí es porque el tema, de alguna forma te ha enganchado, porque tienes algo que opinar, o porque tienes consejos valiosísimos que podrías compartir conmigo, para ayudarme a sacarle todo el jugo a este trabajo de investigación. En cualquiera de los tres casos, ahí abajo tienes los comentarios, que agradeceré enormemente, de haberlos. :)

Escrito el 06/27/10 21:36 | 1 comentario | Archivado en: ONG, Salud Pública
  • Encantado de conocerte. Mi nombre es Bruno, he estudiado Medicina y Salud Internacional, y estoy especializándome en Salud Pública y Medicina Preventiva. También soy aficionado a la fotografía. Si quieres saber más de mi, visita mi fotoblog, o contacta conmigo. También puedes suscribirte a este blog por RSS.