¿Podríamos vivir sin los representantes farmacéuticos?
NOTA: Este artículo fue originalmente escrito para “Salud, dinero y amor”, un blog colectivo.
Con tan sólo leer semejante titular, algunos se rasgarían las vestiduras. Sin embargo, algunos hospitales están empezando a limitar la presencia de los visitadores médicos. ¿Sería viable imitar esta práctica en España? Y lo que es más importante… ¿Sería bueno?.
Un visitador médico es un profesional dedicado a promocionar ciertos productos farmacéuticos de marca a médicos, en un centro sanitario. Su marco de acción está regulado, en parte, por la Ley Española del Medicamento, con el fin de mejorar la atención sanitaria de los pacientes. El código de Buenas Prácticas de Farmaindustria también trata de aportar su granito de arena al tema. Dejando a un lado las contradicciones que existen entre ambas partes, lo que queda claro es que la cuestión no queda resuelta con estas medidas…
Los visitadores ocupan continuamente una fracción del tiempo que el profesional tiene asignado para la atención de sus pacientes, sus recomendaciones van guiadas por intereses comerciales obvios y en ocasiones se apoyan en evidencias científicas bastante cuestionables, su influencia sobre las prescripciones es un hecho, y sus regalos o atenciones se mueven siempre en el limbo de lo que está permitido y lo que no. ¿Es tolerable una invitación a comer? ¿y montones de pequeños obsequios sin relación con la práctica médica?.
La pregunta es, entonces, ¿qué nos perdemos si no hay visitadores?. El argumento que más veces he escuchado se basa en que los visitadores ayudan a que el médico tenga información actualizada sobre lo que es mejor para el paciente, tanto por la información puntual que le ofrecen, como por las facilidades que le dan para asistir a eventos y congresos. Tengo mis dudas al respecto. Por un lado me parece absurdo que haya equipos editoriales de prestigiosas revistas esforzándose por descartar información sesgada, para que luego el profesional reciba en persona al representante de un laboratorio, con su arsenal de sesgos. Por otro lado, ni la asistencia a todos esos congresos es tan vital, ni la información que en ellos se da es siempre independiente, ni la ayuda económica al viaje por parte de la farmacéutica va exenta de intencionalidad comercial.
Yo, pese a que puedo equivocarme, lo tengo claro: opino que limitar la presencia de visitadores en los centros médicos sería bueno. Cuando un fármaco tiene demasiados efectos adversos, deja de usarse. Tal vez haya que plantearse lo mismo con algunas prácticas comerciales de este sector.
Está en tu cabeza
Nos gusta pensar que las cosas, nuestro futuro, depende de las decisiones que tomemos. Que tomar la opción correcta o incorrecta en un momento dado, que tener la suerte de que te ocurra tal o cual cosa, determina nuestra felicidad. Que la felicidad es una opción más, escondida en un sobre por un malvado presentador misterioso en un concurso de la tele, o una bola numerada en un enorme bombo, y que si nos sale o si elegimos bien, es nuestra. Nos equivocamos.
La felicidad natural es lo que tienes cuando obtienes lo que querías. La felicidad sintética es lo que haces cuando no obtienes lo que querías. Nos han enseñado a amar la primera y despreciar la segunda pero, ¿y si en ambos casos, ya consiguiendo o no consiguiendo lo que queremos, llegamos a ser felices igualmente?.
Asumir esto último significa nadar en la dirección opuesta a lo que todo el mundo nos cuenta y nos vende (o trata de vender), que lo que hay ahí afuera te puede dar la felicidad. Y lo más importante, asumir esto significa aceptar que tenemos en nuestra cabeza la capacidad innata de fabricar eso que estamos constantemente buscando al tomar decisiones. Está en tu cabeza.
Si tienes 20 minutos, dedícaselos al vídeo que pongo ahí arriba, una charla de Dan Gilbert en el TED de 2004. Si no tienes 20 minutos, búscalos de donde sea.
Un problema no es la ausencia de una solución…
NOTA: Este artículo fue originalmente escrito para “Salud, dinero y amor”, un blog colectivo.
…aunque algunos se empeñen en entenderlo así.
Éste es un error frecuente aunque muchos profesionales ni lo saben, ni intentan verlo, ni tratan de corregirlo. Si se define un problema como la falta de una solución concreta nuestro campo de visión se reduce, se acota a lo que conocemos y estamos habituados a hacer, y, sobre todo, dejamos al margen montones de soluciones alternativas, tal vez mejores.
¿A qué viene esto?. A que por la misma regla de tres, la enfermedad no es la ausencia de una medicina. No, no y no. La enfermedad es algo mucho más complejo, y la forma de abordarla también lo debería ser. Cuestiones como la situación social o emocional tienen una importancia capital, no son meros detalles a apuntar en una historia clínica o a registrar en estadísticas agregadas, y deben ser abordados. Y si el sistema sanitario no sabe hacerlo, debe aprender.
Javi, residente de Medicina de Familia, nos muestra un caso que no nos debería dejar indiferentes. Y es que, mientras se habla con grandes y complicadas palabras de garantizar una atención sanitaria de calidad dirigida al paciente, a un paciente se le recetan medicinas como tratamiento para el paro. A veces empezamos la casa por el tejado, y jugamos a identificar con soluciones unidireccionales los problemas que no son nuestros, sin ver más allá de nuestras narices.
Crecer
Es tomar el timón con ambas manos y sentir que éste es tu barco, y que se mueve con el más mínimo movimiento de tus brazos. Todo transcurre en calma, pero de algún modo reconforta y te hace esbozar una sonrisa cómplice. Mientras tarareas algunos tontos acordes el agua choca contra el casco para calarte hasta los huesos, forzándote a llenar los pulmones y a abrir aún más los ojos. Y el alma.
Sigo por aquí, manteniendo el rumbo, en silencio.
Mis libros de fotografías (I) - Sebastião Salgado
Los libros de fotografías tienen carácter, expresividad, genio, y algunos son auténticos tesoros. Ver fotos impresas no tiene nada que ver con ver fotos en un ordenador, y lo mismo pasa con las fotos en un buen libro de fotografías. Te introduce en la historia, el reportaje, o en el hilo conductor de una serie de imágenes y, si te gustan, te abstraes de todo lo demás.
Hoy me animo a mostraros mi pequeña (aunque digna, oiga) biblioteca fotográfica, a ver si mis recomendaciones pueden ser de interés para alguien, y si alguien tiene otras recomendaciones para mi, que siempre se agradecen. Suelo comprarlos en Amazon, así que de paso os dejo enlaces (patrocinados, que conste) por si os interesan. Empecemos…
Los primeros libros que llegaron a la estantería fueron los de Sebastião Salgado, así que el primer capítulo de esta serie de entradas va dedicada a él. Este famoso fotógrafo brasileño en un principio era economista, pero en 1973 se lanza a la fotografía, y en 1977 se une a la Agencia Magnum. En 1994 abandona ésta para crear su propia agencia, en París. Salgado decide los temas en que quiere trabajar, y a menudo acomete enormes proyectos por todo el mundo, y sobre todo por las regiones más empobrecidas del planeta. Trabaja en blanco y negro, con una sensibilidad que a mi me parece impresionante. Sinceramente, no sé si lo que siento por su trabajo es admiración o pura envidia. O algo de las dos.
Sólo tengo cuatro de sus libros.
- Migrations: Humanity in Transition
(”Éxodos”, en la edición española) es el primer libro de Salgado que llegó a mis manos. Más de 400 páginas llenas de imágenes para, como su propio autor dice, contar la historia de la humanidad en tránsito. Salgado dedicó 6 años y recorrió 40 países para llevar a cabo este sobrecogedor trabajo, fotografiando las vidas de aquellos que, por fuerzas que no pueden controlar, deben abandonar sus raíces y su casa. Emigrantes y refugiados son los protagonistas de estas historias, que muestran ese presente del nuevo milenio, que a veces no miramos. Si tuviera que elegir un libro entre todos, sería este. Recorrer sus páginas es cuestionarse la forma en que uno ve las cosas.
- The Children
(”Retratos de los niños del Éxodo”, en la edición española). “Me voy a sentar aquí. Si queréis que os haga una foto, vais a poneros en fila. Después, podéis iros a jugar”. Esto es lo que dijo Salgado, a modo de juego, a los niños que se arremolinaban alrededor de él durante uno de sus viajes a Mozambique. Y a partir de aquí surge este libro, una serie de retratos de 90 niños, algunos orgullosos, otros tristes o pensativos, otros alegres y divertidos, de todas partes del mundo, que quisieron dedicar unos segundos al fotógrafo y posar para él.
- Workers: An Archaeology of the Industrial Age
(”Trabajadores, una arqueología de la era industrial”) es otro de sus grandes trabajos, y previo a Éxodos, aunque yo adquirí este libro más tarde, después de conocer el anterior. Workers pretende ser, al mismo tiempo retrato y homenaje, de trabajadores manuales de los 26 países que Sebastião Salgado recorrió para documentar el tema. Todo el libro resulta espléndido, pero si hay una serie que me impactó fue la de los trabajadores en las minas de oro de Sierra Pelada, en Brasil. Mi otro gran libro de Salgado.
- Sahel: The End of the Road
(”Sahel, el final de la carretera”). Este título, uno de los primeros trabajos de Sebastião Salgado, es el resultado de los 15 meses que pasó entre 1984 y 1985 trabajando con la ONG Médicos Sin Fronteras en la región africana de Sahel (Chad, Etiopía, Mali y Sudán), sacudida por la sequía y la hambruna. Esta selección de unas 80 fotografías es, posiblemente, una de las más duras que he visto, y no puede dejar indiferente a nadie. Estas fotos dan voz a muchos, que gritan con fuerza.
La obra de este fotógrafo no se queda aquí, sino que es aún más amplia, con algunos títulos que aún no tengo, pero que espero tener algún día: An Uncertain Grace, con el que de nuevo recorre el mundo para retratar la realidad a su manera; Terra: Struggle of the Landless
, en el que documenta su Brasil natal entre 1980 y 1996; The End of Polio: A Global Effort to End a Disease
, testigo de la campaña de erradicación de Poliomielitis en 5 países africanos, junto a UNICEF; Africa
, la publicación más reciente del fotógrafo, que es una selección de sus fotografías en ese continente; y Génesis, su último gran proyecto, aún en elaboración, consistente en un recorrido por los últimos espacios vírgenes del planeta.
Espero que os haya gustado esta recopilación, y las siguientes que vendrán. Por supuesto, si vosotros mismos queréis hacer alguna recomendación de algún libro, podéis usar los comentarios. ¡Serán más que bienvenidas!
Nota: Os recuerdo que estos enlaces son patrocinados, de modo que si accedéis a Amazon a través de ellos y compráis algún título, me llevo un pequeño porcentaje a modo de descuento en compras futuras (sin que a vosotros os cueste más, claro).
Las fotos que vendrán…
Puede parecer una tontería, pero hoy es un día significativo fotográficamente hablando. Me toca crear una nueva carpeta “2010″ en mi carpeta de fotografías originales, mover la carpeta “2008″ al disco duro externo, actualizar la sincronización de carpetas en Lightroom y crear también una nueva categoría “2010″ en el fotoblog, completamente vacía, a la espera de llenarse con instantáneas a lo largo del año.
Y junto a esos procesos (mécanicos ellos), la reflexión fotográfica del día, similar a la que tuve hace un año, hace dos, y hasta hace tres: “¿Qué fotos haré este año?”.
Hasta 2003 nunca me había interesado la fotografía, más allá de echar algún carrete en algún viaje, y me daba lo mismo hacerlo con mi compactilla de primera comunión, que con una cámara de cartón de usar y tirar con 27 fotos. Ese año, y con motivo de un viaje a Argentina, que quise documentar, hice 6 carretes de fotos. Al año siguiente, 2004, la historia se repetía, con la misma compacta analógica, en mi primer viaje a Camerún. Esta vez, y tras haber podido mostrar algunas de las fotos del viaje anterior en la facultad, para una campaña de Navidad, quise hacer mejores fotos. 6 carretes, de nuevo. En 2005 dí un paso más allá, y me compré una compacta de 5 megapíxeles, una HP945c, de la que guardo gratos recuerdos, para documentar algo mejor un nuevo (segundo y último) viaje a Camerún. A la vuelta, me iba a Londres un año, excusa adicional para tener una cámara “decente”. Apenas saqué la cámara de paseo más que un par de veces en esos meses, aunque ya en 2006 el gusanillo de la fotografía me había picado más en serio. ¿Por qué? Porque cuando uno viaja, descubre cosas que le llaman la atención, y ese año viajé bastante: hasta junio en Londres, en verano de interrail por Italia y de reunión internacional de estudiantes de medicina en Budapest y Serbia. En febrero de ese año descubrí flickr, y en octubre compré mi primera réflex, una 350D de segunda mano. 2007 comenzó de nuevo con espíritu viajero (Londres, Australia, Polonia) y lo terminé con la sensación de haber hecho ya buenas fotos, y pensando si en 2008 tendría oportunidad de hacer mejores fotos. Ese 2008 viajé menos (Viena, Budapest, Praga), pero hice más fotos, con más interés por la foto callejera, y terminé montando mi fotoblog, allá por octubre. Cuando terminé 2008, la misma sensación: “¿tendré oportunidad de hacer mejores fotos en 2009?”. Sinceramente, creo que así fue. 2009 ha sido el año de madurar un poco, fotográficamente hablando, y de ganar en “sinceridad” con las fotos. Ha sido un año con un gran viaje, indudablemente, pero ha sido también el año en que he sabido salir a hacer fotos a la calle sin artificios, sin objetivos raros, sin focales extremas, sólo mis ojos, focales más o menos comunes, y lo que ocurría alrededor. Ah, y por cierto, he ganado por primera vez algo en algo parecido a un concurso de fotografía: finalista en la categoría “Best European Photoblog” en los Photoblog Awards 2009. Ole.
Y ahora, 2010. Un año que comienza con grandes ganas de descubrir eso a lo que apenas le he echado aún el diente: la fotografía callejera. Con algo de suerte, tal vez sea éste el año de aprender a capturar momentos y escenas únicas que pocos más ven, y de descubrirme a mi en esas escenas y momentos.
Actimel, ¿realmente ayuda a tus defensas?

Actimel es un producto lácteo probiótico producido por Danone, que contiene Lactobacillus Casei DN-114.001. Danone, sin despeinarse, no duda en decir en su publicidad que Actimel “ayuda a reforzar las defensas” de cualquier persona sana de cualquier edad. Por si fuera poco, añade que está recomendado por la Organización Mundial de la Salud y avalado por un puñado de prestigiosísimos estudios científicos. Con este artículo pretendo discutir lo que Actimel indica en su publicidad.
De este tema se ha hablado mil veces (Actimel no puede alardear de bacterias, Susanna Griso vuelve a la carga con el Actimel, Canarias y el Actimel, No es magia ni ciencia, los niños andaluces premian a Actimel, etc). Sin embargo, quiero aportar mi granito de arena, criticando cada uno de los 5 estudios que Actimel cita como evidencias científicas en su página.
1. El efecto de Lactobacillus Casei sobre la incidencia de procesos infecciosos en niños
Uno de los 5 estudios citados por Actimel como evidencias científicas en su web es “El efecto de Lactobacillus Casei sobre la incidencia de procesos infecciosos en niños/as” [ARTÍCULO COMPLETO]. Se trataba de un ensayo clínico controlado y aleatorizado por clústers a doble ciego en niños de 3 a 12 años de Barcelona, con posterior análisis con intención de tratar. El estudio fue financiado por Danone. Un grupo se trató con placebo, mientras que el otro recibió, durante 20 semanas, dos unidades diarias de Actimel (el doble de lo recomendado diariamente por el fabricante). Aquí surge la primera cuestión. Puesto que ya se conocen productos como los yogures, con efectividad probada, ¿por qué comparar Actimel con placebo en lugar de con yogur normal? ¿Y por qué dar dos botecitos diarios de Actimel en lugar de uno?
Las diferencias halladas entre ambos tratamientos (Actimel y placebo) no fueron significativas, ni en la duración en días de los procesos infecciosos de vías respiratorias altas, gastrointestinales ni procesos alérgicos, ni en el número total de días sin enfermedad, ni en el absentismo escolar por enfermedad, ni en cuanto al número de anticuerpos IgA, ni en la satisfacción global de la intervención nutricional (la satisfacción fue evaluada como “mucho” o “muchísimo” por el 80% del grupo de niños que recibieron placebo y el 82% del grupo de niños que recibieron Actimel). La únicas diferencias significativamente estadísticas que se hallaron fueron en la incidencia de niños con enfermedades de las vías respiratorias bajas (32% en el grupo de Actimel, y 49% en el grupo de Placebo), y en la incidencia de fatiga (3% en el grupo de Actimel y 13% en el grupo de placebo). No sabemos cómo se midió esa fatiga, ni parece que su medida estuviera incluida inicialmente en los objetivos del estudio.
¿Tiene valor clínico un descenso como este tras tomar nada más y nada menos que 280 botecitos de Actimel a lo largo de 20 semanas? Para ayudar a contextualizarlo, diré que el precio de esos 280 botecitos (para un niño), costaría en un gran supermercado, 150,3€.
2. Efecto de la leche fermentada con Lactobacillus casei DN-114001 en las defensas de estudiantes sometidos al estrés de los exámenes
Este artículo fue publicado en una revista a la que no está suscrita, ni la Biblioteca del Servicio Andaluz de Salud, ni la Biblioteca de la Universidad de Granada, ni la Biblioteca de la Escuela Andaluza de Salud Pública, que son las tres a las que tengo acceso como Médico Interno Residente del Servicio Andaluz de Salud. Sí se puede acceder al resumen del artículo.
Debido a lo anterior, no voy a poder comentar gran cosa de la metodología: se compararon 2 grupos de estudiantes universitarios durante 6 semanas (tres previas al comienzo de los exámenes finales, y las otras tres durante los exámenes). A los del primer grupo se les administró un vaso diario de leche semidesnatada. A los del segundo grupo se les administró 2 unidades diarias de Actimel.
El estudio no halló diferencias en los niveles de estrés en ambos grupos. Sí halló diferencias significativas en la cifra absoluta de linfocitos en sangre. Mientras que el grupo tratado con leche semidesnatada tuvo un descenso en la cifra de linfocitos de 40±120/mm3, el grupo tratado con Actimel tuvo un aumento de 370±110/mm3. Para entender la importancia de estas cifras, debemos saber que la cifra normal de linfocitos en sangre (en una persona sana) está comprendida entre 1300 y 4000 por milímetro cúbico. ¿Tiene importancia una diferencia de 410 linfocitos en ambos grupos, cuando ambos valores son normales?
El estudio también halló diferencias en la cifra absoluta de células CD56 (cuyas cifras normales están entre 130 y 400 por milímetro cúbico): un descenso de 51.97±21.33/mm3 en el grupo del vaso de lecho y un aumento de 17.29±17.27/mm3 en el grupo de Actimel.
A partir de este estudio no se puede concluir que la salud de las personas que tomaron Actimel fue mejor, ni que Actimel les ayudó a evitar o prevenir enfermedades. Este estudio sólo analizó datos de laboratorio, sin valorar su importancia clínica o su impacto en la salud de las personas. ¿Enfermaron menos los estudiantes que tomaron Actimel? ¿Se encontraban mejor? ¿Fueron sus infecciones más leves? Esas son las preguntas que interesan, y para las que el estudio no da respuestas.
3. Efecto de la ingesta diaria de leche fermentada que contiene Lactobacillus casei DN114001 en la capacidad de defensa innata en personas sanas de mediana edad.
Como profesional del SAS, o estudiante de la Escuela Andaluza de Salud Pública, tampoco tengo acceso a este artículo (y comienza a ser frustrante…). Sí puedo acceder a un resumen. De este artículo, debo destacar que está escrito por investigadores de la Universidad de Navarra, y publicado en una revista de la misma Universidad. Desconozco si esto puede implicar algún tipo de conflicto de intereses en el equipo editorial que admitió el artículo.
Se realizó un ensayo clínico con 45 personas sanas de edades comprendidas entre 51 y 58 años, divididos en dos grupos, uno que recibió 3 unidades de Actimel diarias, y otro que recibió placebo. El resumen habla, sin aportar cifras concretas, de un incremento en la capacidad oxidativa de los monocitos y un incremento en la actividad de los Linfocitos NK, sin que hubiera cambios en la proporción de células del sistema inmunitario.
Este estudio no valora la importancia clínica de estos hallazgos de laboratorio, y si tienen impacto en la salud de las personas, o en su capacidad para hacer frente a infecciones. Por ello, no se puede concluir, tras este estudio, que Actimel ayude a prevenir enfermedades, ni a mejorar la salud de sus consumidores.
4. Estudio sobre las infecciones de invierno en personas mayores
De nuevo, no puedo acceder al artículo completo, aunque sí a un escueto resumen, y algo más de información en la página web de Actimel. De los 4 investigadores que participaron en este estudio, 3 pertenecen a un centro de investigación de Danone, lo que puede conllevar un conflicto de intereses. Además, ésta es la revista de la International Academy of Nutrition and Aging (institución creada en 1998 por la Fundación Novartis, que ahora mismo pertenece a una empresa que gestiona publicidad de empresas farmacéuticas). Danone es miembro de la Comisión Operativa de esta institución. Desconozco si ambos posibles conflictos de intereses han sido considerados por los autores y el equipo editorial de la revista.
Desconozco la metodología y desarrollo del estudio, aunque sabemos que se compararon dos grupos de personas mayores de 60 años. Los miembros de un grupo tomaron dos unidades de Actimel diarios durante tres semanas, mientras que los del otro grupo no tomaron nada (en los resúmenes no se indica que recibieran placebo, lo que puede conducir a un sesgo de información).
No se observaron diferencias en la incidencia de infecciones, aunque sí hubo diferencias significativas de un 20% en la duración de las patologías: la duración media de estas patologías en el grupo que no tomó nada fue de 8,7 ± 3,7 días, mientras que en el grupo que tomó 2 unidades diarias de Actimel fue de 7 ± 3,2 días.
El estudio sí prueba que hubo una disminución en la duración de las patologías en el grupo que tomaba Actimel (el doble de la dosis recomendada), aunque pequeña (inferior a un 20%). Sin embargo, por no tener acceso al estudio completo, desconozco si la aleatorización se realizó correctamente, si ambos grupos eran comparables, si se introduzco un sesgo de información por no ofrecer placebo al grupo control. Mis dudas al respecto se agudizan por los conflictos de intereses debidos a que los investigadores trabajasen en un centro de Danone, y a que Danone sea miembro de la Comisión Operativa de la Institución en cuya revista fue publicado el trabajo.
5. Estudio sobre la flora intestinal de los niños
En esta ocasión sí puedo acceder al artículo completo. Se trata de un ensayo clínico aleatorizado, en el que participaron 39 niños sanos de edades comprendidas entre 10 y 18 meses, distribuidos en tres grupos: unos recibirían leche fermentada con yogur y Lactobacillus (grupo de Actimel), otros un yogur tradicional, y otros una leche no fermentada, durante un mes. El análisis realizado fue por protocolo, en el que no se consideraron las pérdidas durante el estudio (de 39 sujetos, sólo se analizaron 26). Este tipo de análisis evalúa eficacia, pero no efectividad, y da una visión menos real que el análisis por intención de tratar.
El estudio evaluó la composición de la microflora intestinal de los niños. No hubo diferencias entre grupos en la población bacteriana, ni sus metabolitos. En cuanto a la actividad enzimática bacteriana, hubo algunas variaciones, aunque principalmente interindividuales, y principalmente en niños con valores iniciales extremadamente altos (uno en el grupo que tomó yogur, y tres en el grupo que tomó yogur y Lactobacillus). Estos últimos resultados, además, no coinciden con los otros estudios previos, con resultados contradictorios. En el grupo que tomó Lactobacillus, se hallaron más Lactobacillus en heces.
No se puede concluir de este estudio ningún aspecto clínico, sino tan sólo aspectos microbiológicos y de laboratorio. La muestra inicial era, además, muy pequeña (39), que se vio reducida por las pérdidas (a 26), al hacerse un análisis por protocolo (un tipo de estudio que no prueba efectividad práctica, sino eficacia teórica, y en estudios de no-inferioridad). Los cambios observados, además, ocurrieron principalmente en individuos particulares (1 en un grupo, y 3 en otro). La salud de los niños, o la composición de su sistema inmune, no fueron evaluadas. Por ello tampoco se puede concluir de este estudio que Actimel refuerce las defensas naturales del niño en periodo de destete.
Resumiendo algunos aspectos…
Al menos en 3 de los 5 estudios existen evidentes conflictos de intereses por la participación de investigadores de Danone en ellos, su financiación, o la relación de los investigadores con la revista en que se publicaron los artículos. En 4 de los 5 estudios, el grupo tratado con Actimel recibió el doble o triple de la dosis recomendada. Sólo 2 de los 5 estudios muestran resultados médicos (referidos a prevención de enfermedades, menor duración de estas, o mejoría del estado de salud), y ambos son de relativa poca importancia (menos de un 20%, en comparación con el placebo o con no tomar nada). Los estudios, en general, tuvieron tamaños de muestra bastante reducidos.
En mi opinión (aunque estaría bien que fuera alguna institución pública española la que dijese algo), Actimel no puede decir en su publicidad que “ayude a las defensas”, ni que esta afirmación esté respaldada por numerosos estudios científicos, porque éstos no dan evidencias de dicha afirmación. Ya en Reino Unido la Advertising Standards Authority prohibió la comunicación de tal mensaje en su publicidad, tras analizar los artículos que en ese país se mostraban como evidencia científica (uno de los cuales está entre los 5 artículos que he comentado aquí).
Con este artículo pretendo hacer pensar acerca de la publicidad que nos bombardea continuamente (a nosotros y a nuestros hijos), y como en ocasiones, bajo la bandera de lo “científicamente probado”, se esconden medias verdades que apenas llegamos a adivinar. He pretendido ser lo más objetivo posible, y basarme en los estudios citados por Actimel en España para hacer mi crítica. No tengo ningún tipo de conflicto de intereses al escribir esto, y cualquier error que pueda haber cometido viene más por ser aún un Médico Interno Residente de Medicina Preventiva y Salud Pública en formación, que por mala intención o voluntad.









