A corto plazo
Uno no es joven eternamente. El mismo oxígeno que te llena los pulmones es lo que a la larga oxida esas bisagras que antes se movían con una facilidad pasmosa.
Aunque estoy haciendo lo que quiero hacer, a veces me siento cansado, superado. No por las condiciones físicas (que pueden ser duras), ni por las dificultades en la comunicación, que cuando se superan tampoco consiguen llenar del todo el vacío. Debe ser algo más, y debe estar dentro, bien dentro, tal vez en lo que uno desea.
Con el tiempo unas cosas dejan de tener una importancia que en otro tiempo fuese capital, y otras cosas ocupan su lugar. Cuando uno cambia, cambia lo que desea, y cuando los objetivos implican retos de considerable tamaño, los apoyos necesarios para mantenerlos en pie también necesitan un refuerzo. Una vuelta de tuerca.
Intento diagnosticar y diagnosticarme, porque en parte no me entiendo. Y creo que, no sin esfuerzo, termino llegando al quid de la cuestión, que posiblemente sea tan humano como simple, y en parte egoísta: la necesidad de sentirse útil. De no hacer cosas por otros, uno termina queriendo todo para sí, creyéndose protagonista de todo. La sensación puede ser parecida cuando lo que se hace por otros se ahoga en medio de la burocracia, lo relativo de lo indirecto, sufrimientos colaterales, o esos “a largo plazo” que a largo plazo sólo sirven si en el camino hay montones de cortos plazos que le den sentido y renueven la fuerza y las ganas de. Y no, ese “a largo plazo” no me deja sentir, vivir lo vivible, ni disfrutar del todo.
Tal vez sea por inmadurez o, como quiero pensar, justo por lo contrario, por haber crecido, vivido otras cosas, y priorizado elementos fundamentales para mi que ahora me quedan lejos (o más cerca que nunca, según se mire). Es más, creo que, por lo que veo en muchos, esta epidemia salpica a más de los que lo creen. Necesito reforzar mis pilares para mantenerme en pie, y todos, absolutamente todos, pasan por sentir que lo que hago sirve para algo y para alguien. Porque si lo que hago lo estoy haciendo sólo por mi, créeme, no me merece la pena, ni el esfuerzo, en lo más mínimo.
Hoy está ya oscuro, aunque siento clarear algo por dentro, a pesar del cansancio y gracias a este rato. Mañana, cuando amanezca, pienso hacer que amanezca todo. Las cosas siempre pasan por una razón, y a menudo se nos olvida buscarla. Ya era hora de hacerlo.
Un abrazo. Y aún más fuerte a todos aquellos que os peleáis a corto plazo por unos largos plazos que a veces parecen inalcanzables, o casi inexistentes. En lo que a mi me toca, gracias. Existen.
De la identidad
Cuídate. Ten cuidado. Llama cuando llegues. Disfruta y vívelo todo. Haz muchas fotos. Vuelve pronto. Sigue dando vértigo, como el primer día y la primera vez. Viejas sensaciones que ya creías superadas rejuvenecen. Cualquier cosa te emociona un poco más, tienes mil pequeños miedos por mil pequeñas cosas, y la ilusión se mezcla con la envidia de lo bien y lo tranquilo que se está en casa. Valoras un poco más (si cabe) el hilo que te une a pareja, familia y amigos. Ordenas que desplieguen las velas, vuelves a acariciar la madera del alcázar y el timón, y te cruzas una mirada de confianza con ese viejo cirujano, hoy más experimentado y tranquilo. Tras el primer movimiento de la nave, ordenas al vigía comenzar a buscar señales al otro lado del océano, mientras cruzas discretamente los dedos para que todo esté bien y para que algo bueno pase.
En el salón de mi casa, Galeano me lo repite día tras día:
Desatar las voces, desensoñar los sueños: escribo queriendo revelar lo real maravilloso, y descubro lo real maravilloso en el exacto centro de lo real horroroso de América.
En estas tierras, la cabeza del dios Eleggúa lleva la muerte en la nuca y la vida en la cara. Cada promesa es una amenaza; cada pérdida un encuentro. De los miedos nacen los corajes; y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios, otra razón.
Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día.
En esa fe, fugitiva, creo. Me resulta la única fe digna de confianza, por lo mucho que se parece al bicho humano, jodido pero sagrado, y a la loca aventura de vivir en el mundo.
Fuertes abrazos a quienes corresponda. Nos vemos.
Estudiando la participación comunitaria en salud, ¿recomendaciones?
Leo mucho y escribo poco. Creo que precisamente se debe a que cuanto más estudio un tema, más me doy cuenta de las cosas que aún no conozco, de lo verdes que están mis conclusiones, y de la vergüenza que me da hablar de ellas. Y sin embargo, tengo cosas para decir. Precisamente por estas razones, hoy me planteo algo diferente. Yo aporto algo y, si queréis, vosotros me aportáis a mi, que me vendría fenomenal.
Para poneros en situación os cuento que estoy enfrascado en un pequeño proyecto de investigación en Salud Pública, que pretende estudiar las dinámicas de participación social en la estrategia de salud de una comunidad indígena en Latinoamérica. Allí se está implicando a la comunidad mediante un modelo participativo de promoción de salud y epidemiología, y lo interesante será saber qué funciona, y que está verde; hasta qué punto se implica la comunidad y por qué; hasta qué punto una metodología adecuada de abordaje de los problemas de salud locales puede reforzar la cohesión de una comunidad pobre; y sacar conclusiones, acerca de lo que podría cambiar, y de lo que funciona tan bien que debería ser aplicado en otros ámbitos.
Haré observación participante, entrevistas con un guión semiestructurado pero flexible, y luego análisis de contenido (¿debería usar otro tipo de análisis?). El tema de fondo no me pilla de nuevas (aunque la parte metodológica sí). Ya participé en un proyecto en Camerún, desde su gestación hasta su puesta en marcha y evaluación, en el que se capacitó a promotores de salud y se trató de darles herramientas para la autogestión. También hice otro trabajo de investigación revisando (en papel) proyectos de cooperación en salud en el Sur que se autodenominaran “participativos y empoderadores”, para ver hasta qué punto realmente lo eran. Y el tema me apasiona. Se podría decir que ya llevo en mente algunas cosas claras:
- Si las cosas se hacen bien, la comunidad puede implicarse muchísimo, y en todos los niveles de la estrategia. Esto puede hacer que la intervención funcione mucho mejor y logre los objetivos que realmente a la comunidad le interesa que logre.
- Hacer las cosas “bien” es más complicado que decirlo. Requiere que los “outsiders” sean lo menos “outsider” posible, que tengan unos principios éticos y metodológicos férreos, que ningún objetivo (ni intereses ocultos) se ponga por encima de darle voz y herramientas a la comunidad para cambiar, si lo desean, su realidad, y una dedicación muy flexible en mucho tiempo. Para que además, esto se mantenga en el tiempo, hace falta seguimiento, seguimiento, seguimiento, control, evaluación, seguimiento, evaluación, y seguimiento. ¿He dicho seguimiento? Pues también: seguimiento. Si no, se tambalea y se cae.
- Eso de que la participación se articula en niveles y que esos niveles empiezan con la “información” es una patraña como un castillo. La información no es participación, es información. Y decir lo contrario es prostituir un término valiosísimo. La participación va mucho más allá de informar, para también capacitar en formación y habilidades, reforzar la cohesión local desde la equidad, acompañar a los que participan en sus avances, ofrecer apoyo técnico sin imponer objetivos, adaptarse al ritmo y forma de hacer local y, estimular al cambio en las relaciones de poder y toma de decisiones. Luego ya, en todo este proceso, por supuesto, hay grados, pero un mínimo es o debe ser exigible, y ese mínimo tiene que ser más que la simple información.
- Aquí, en nuestro contexto, por una cuestión cultural o por la organización del sistema sanitario, participamos poco y mal. Por supuesto que hay iniciativas buenísimas y valiosísimas, pero son islotes de horizontalidad en un mar vertical y burocratizado, donde hasta la más mínima participación depende más de la forma de trabajar de algunos buenos profesionales, que de unos principios institucionales. Una lástima, para todo el dinero y recursos formativos que tenemos.
- La participación vende. Si no se pone en la documentación de un programa de salud, malo. Pero de ahí a que realmente se participe va un trecho. Ya hemos dicho que no es algo que surja cual vulgar champiñón silvestre, sino que si no se busca, se estimula con rigor y se mantiene con seguimiento, no aparece, o desaparece en un suspiro. La participación, en términos occidentales institucionales, viene siendo como lo de Ricky Martin y la nocilla, que todo el mundo habla de ello sin que nadie la haya visto.
- En el Sur, y en ciertos proyectos concretos con áreas marginadas y comunidades rurales, se desarrollan estrategias y metodologías impresionantes. Ejemplos hay de que se puede hacer bien. Importantes centros de investigación de todo el mundo han trabajado en estas ideas a lo largo de un montón de años, y la cooperación sur-sur ha contribuido a su expansión, que aún no ha llegado a todas partes.
- Al que el término participación le aburra, es porque lo ha visto más veces escrito en papeles, que en el mundo real. La participación de verdad es de todo menos aburrida. En los papeles, sin embargo, disfruta rodeándose de retórica y palabras de muchas sílabas.
Os digo la verdad. Lo de antes era un 50% cosas que me apetecía compartir, y un 50% criba de lectores. Si has llegado hasta aquí es porque el tema, de alguna forma te ha enganchado, porque tienes algo que opinar, o porque tienes consejos valiosísimos que podrías compartir conmigo, para ayudarme a sacarle todo el jugo a este trabajo de investigación. En cualquiera de los tres casos, ahí abajo tienes los comentarios, que agradeceré enormemente, de haberlos.
Reflexiones varias sobre la blogosfera sanitaria

Ayer estuve en Madrid, junto a un nutrido grupo de gente (blogueros algunos) del mundillo nacional de la salud y la e-salud. Sin más, algunas cosas que me pasaron por la cabeza (y ahí siguen):
- Un congreso está bien, pero un encuentro informal más distendido, casi que mejor. Los organizadores hicieron un gran trabajo para que todo funcionara a la perfección, pero me quedé con las ganas de tener algo más de tiempo para charlar tranquilamente con algunos conocidos, y conocer en persona a gente a la que leo por internet. Mucha charla, mucho debate, un ritmo muy fuerte, pero los que llegamos la noche anterior de madrugada, y teníamos que hacer luego 5 horas de bus a la vuelta, no pudimos aprovechar la parte social del todo.
- La blogosfera sanitaria está algo verde aún. Aunque hay grandísimas y geniales voces en todo este círculo, la endogamia se mastica por todas partes. Nos gusta mirarnos el ombligo, nos gusta imaginarnos influyentes, y nos gusta jugar a ser gurús, como nuestros hermanos mayores, a profetizar lo que pasará en el futuro, o tratar de analizar cosas que, probablemente, nos quedan grandes.
- Un blog no es un portal, ni una red social, ni sinónimo de e-Health. Creo que, para sacarle todo el jugo al congreso, habría estado genial centrarnos en los blogs, que ya hay o habrá otros espacios para el resto de asuntos e-health-eros. Hay iniciativas magníficas de salud en internet, pero si compiten por el tiempo y la visibilidad con los blogs nos agotamos, nos confundimos, y nos saturamos.
- Las voces de la blogosfera sanitaria son sus blogueros y lectores. Para mi no tienen cabida en este espacio (y más cuando el tiempo y recursos son limitados) Philips, ni la industria farmacéutica, ni (en parte) la administración o la prensa tradicional. Si hablamos de e-Health es diferente. Pero si hablamos de blogosfera, creo que las voces que deben quedar representadas son las de aquellos que leen y escriben, no las de aquellos que pagan. Y menos en un primer encuentro. Me habría encantado escuchar las dificultades que tienen y consejos que ofrecen los autores de algunos blogs colectivos (Médico Crítico, Salud y otras cosas de comer, etc), para aplicarme el cuento en Con Vistas al Sur; o saber qué fuentes de información lee la gente y por donde se mantiene al día; o haber podido divagar sobre blogo-friki-proyectos-futuros entre montones de cabezas pensantes.
- La twittosfera sanitaria, a destacar. Me encantó participar en el debate que se iba produciendo en twitter a lo largo del congreso, y creo que toda esa gente que escribía por ahí es un caldo de cultivo magnífico para un contacto continuo, el desarrollo de nuevas ideas, y el debate. No pienso perdérmelo.
- Lo 1.0 y 2.0 está en tu cabeza, no en tu tecnología o tus medios. Hubo quien hizo presentaciones que mantuvieron nuestra total atención, y quien llegó a aburrir a las piedras, con total independencia del medio utilizado para ello: paint, vídeos, charlas, hipervínculos humanos (¡me encantó y pienso aplicarme el cuento!), power point, prezi, etc. Hay quien quiere compartir, debatir y escuchar, y quien ha venido a hablar de su libro.
- El debate pendiente: ¿Como salir de la endogamia?. Ni soy gurú ni quiero jugar a serlo, pero me quedé con la sensación de que lo siguiente a plantearnos tiene que ir por estos tiros. Vale, escribimos y nos leemos, y a veces (raras) nuestras voces logran escapar de la burbuja. ¿Pero cómo hacer que lo que escribimos lo lea gente ajena a la burbuja blogosanitaria? ¿Cómo llegar a las personas de a pie? ¿Qué mensajes escribir para ello? ¿Y con qué medios o de qué manera? ¿Qué tipo de información y en qué formato? ¿Cómo darle un soporte de evidencia científica a un blog directo, sencillo y ameno? ¿Cómo conseguir esa visibilidad tan disputada entre medios y empresas de cuyo pastel de audiencia lo mismo podríamos robar un trozo?
Lo dicho: con ganas de un encuentro informal para seguir hablando de estas y otras tantas cosas, con caras y sin teclados.
¿Internet móvil ilimitado con Vodafone?, ¿de verdad?
ACTUALIZACIÓN: Minutos después de publicar esta entrada, me confirman desde la cuenta oficial de Vodafone en Twitter que la promoción existe tal y como se ha anunciado, y que ya se ha dado un aviso para reforzar la información en Atención al Cliente.
Me siento altamente frustrado con el servicio de Vodafone, a quienes tengo contratado mi móvil, ADSL, teléfono fijo y módem USB. En este caso, es por el anuncio de Vodafone de una oferta de internet móvil gratis para usuarios de ADSL, de cuya existencia real no tengo ninguna garantía. Y, secundariamente, por la práctica imposibilidad de poner una reclamación al respecto.
Todo empieza cuando veo un tweet de vodafone el 1 de junio, acompañado de varias respuestas de Vodafone en Twitter a diferentes usuarios confirmándoles que existe una promoción, ya automáticamente activada para todos los usuarios de cualquier modalidad de Vodafone ADSL, por la que pueden conectarse gratis a internet sin límites con el módem USB, desde ese momento, y hasta el 31 de agosto de 2010.
Inmediatamente, trato de buscar información al respecto en la web de vodafone, y no encuentro absolutamente nada. Ningún comentario, ningún banner publicitario, ninguna aclaración en la sección de promociones, y tampoco nada en la sección de ADSL. Vuelvo a buscar información al respecto en diferentes blogs, y veo como el anuncio oficial de Vodafone España se hizo en una nota de prensa el 28 de mayo. En dicha nota de prensa se indica, textualmente, lo siguiente:
Entre el 1 de junio y el 31 de agosto, los clientes ADSL de Vodafone España podrán llevarse el Módem USB donde quieran y navegar gratis y sin límites estén donde estén. La promoción de verano se aplica a todos los clientes ADSL, tanto a los que tengan ya contratado el servicio como a los que lo contraten ahora. Además, Vodafone España ofrecerá a los clientes de ADSL 350 minutos/mes de llamadas gratis desde el fijo a cualquier operador los fines de semana para siempre. Los nuevos clientes que traigan su ADSL a Vodafone obtendrán un 25% de descuento hasta el año 2011.
Espero unos días y hoy, 10 días después de que en teoría pueda estar disfrutando de esta promoción (o lo que sea), decido llamar al servicio de Atención al Cliente, con la intención de asegurarme de que la oferta es real (porque no me hace ninguna ilusión conectarme con mi módem USB creyendo que es gratis para que luego me cobren 2,90€ más IVA por día de uso). Tras una media hora al teléfono, una chica muy amable me indica que no existe esa promoción, que la ha buscado y consultado con un superior, y que no tienen noticias de ella y que por tanto no pueden aplicarla. Yo le indico repetidas veces que no me la estoy inventando yo, y que no procede de fuentes externas, sino que fue anunciada oficialmente por Vodafone, y que se puede acceder a la noticia a través de vodafone.es / conócenos / sala de prensa / notas de prensa, y en la cuenta oficial de Vodafone en Twitter.
Tras un rato de discusión, decido poner una reclamación al respecto y así se lo indico a la operadora. Le explico también que la reclamación no es hacia ella, que me está ofreciendo un magnífico servicio, sino hacia Vodafone, por no informar debidamente de una oferta que, en teoría, podríamos estar disfrutando muchos desde hace ya 10 días, y que no dudaron en anunciar a bombo y platillo. Por si no estuviese ya bastante disgustado con el servicio de Vodafone, el problema aumenta cuando la operadora me indica que no puedo poner ninguna reclamación en ese teléfono (el 123, redirigido desde el 607123000, que es el teléfono indicado por Vodafone para su Servicio de Reclamaciones, donde “el cliente podrá dirigir cualquier reclamación sobre la prestación del servicio”). ¿El motivo? Pues que no puedo reclamar por una promoción o un servicio que no existe. Insisto sin éxito en que quiero reclamar precisamente eso, que Vodafone ha anunciado un servicio que, según su web y servicio de atención al cliente, no existe. ¿La respuesta final? La operadora me sugiere que me dirija POR CARTA al servicio de reclamaciones. En el año 2010, sí. De la indignación paso a la carcajada. Luego, claro, vuelvo a la indignación, que el asunto no tiene gracia ninguna. ¡Por carta!
Yo, sinceramente, y después de que en 4 de las últimas 12 facturas Vodafone me cobrase de más erróneamente, y que reclamarlo me supusiera largas y repetidas llamadas al servicio de Atención al Cliente, no me atrevo a conectarme a internet por mi módem USB sin que me cobren, a pesar de que aparezca en el twitter oficial, y en una nota de prensa oficial. Como la misma operadora me dijo, en la nota de prensa puede no salir la letra pequeña y, en cualquier caso, Vodafone siempre podría modificar su nota de prensa. ¿Seguridad? Ninguna.
Desde mi punto de vista, Vodafone lanza una oferta sensacional en una nota de prensa, que luego no pone a disposición de sus clientes (ni 10 días después de que comience el periodo para beneficiarse de ella), de cuya existencia no hay garantías formales, de la que nadie se puede informar, ni en su web ni en el Servicio de Atención al Cliente, y sobre la que no se pueden presentar reclamaciones. Impresionante, ¿no?.
Siyomehundotutambienismo
Estoy intranquilo. Es por lo de la crisis, las medidas tomadas por el gobierno, todo el revuelo político al respecto, y por sentir que no entiendo nada de nada. No me considero imbécil, ni desinformado. Aunque mis horarios no me permiten ver los telediarios, sigo prensa online, y montones de twitts con enlaces y blogs, que me acercan a la actualidad desde montones de puntos de vista. Sé buscar información en internet y, aunque tengo un pensamiento ya bastante marcado (que no una ideología afín a ningún partido), trato de contrastar fuentes. En el instituto las matemáticas se me daban bien, la economía siempre me ha interesado, y tengo una mente bastante analítica, que no me deja abandonar un tema sin entenderlo antes. A pesar de todo, me siento intranquilo.
Intranquilo por ver que jugamos al “sálvese quien pueda” para debilitarnos como idiotas (¿Será el distraccionismo?). Empleados, jefes, autónomos, parados, funcionarios, jubilados, políticos, unos y otros, cada uno va por su lado. Al principio fueron los empleados despedidos (o desplazados, o con condiciones de trabajo empeoradas) y los autónomos que veían peligrar sus negocios. Aunque había recelo, por eso de ver siempre al autónomo como el que evita declarar lo que pueda, o al empleado como el que no ha tenido que pasarse años opositando, se escucharon voces de terceros que gritaron y protestaron. Pero mientras con una mano sostenían el megáfono, con la otra vigilaban la cartera. Ahora les toca a los funcionarios y, mientras algunas voces de terceros gritan, otras, a modo de “ahoratejodestú”, lo justifican por la identificación del funcionario con el que siempre está desayunando sin dar palo al agua en su trabajo de contrato eterno. Hasta le ha llegado el turno a algunos políticos, que no quieren que el barro ahora les vuelva a salpicar después de llevar un par de años con el salario congelado (pese a haber votado previamente sus propios aumentos). Cada uno grita por sí mismo, y trata de tapar la pancarta del otro con la suya propia, por si no hubiera espacio para que se vean todas. Y como al autónomo le de por decir que él no hizo nada en negro, o al funcionario le de por decir que él cobra poco y no merece un 5% de reducción, la cosa se lía. Mientras, los malos se escapan de puntillas y en silencio, que lo hemos visto mil veces en las películas de héroes y villanos.
Los malos siguen siendo los malos, y están en todas partes. Principalmente entre los que se forraron, pero también (no seamos ingenuos) entre los que lo intentaron sin conseguirlo: pisos comprados con vistas a revenderlos bien infladitos de precio (”invertir en ladrillo” era la forma autojustificada de especular), contratos chanchulleros “a ver qué pillo”, inversiones sin tener garantizada más que la riqueza propia (y no los puestos de los empleados), disparidades enormes en cuanto a ingresos, conmidinerohagoloquequierismo a espuertas, estímulos comerciales para gastar el dinero antes de tenerlo, impuestillos que de poder evadirse se evadían, horas de trabajo que de poder pelarse se pelaban. Y así estamos, divididos entre intentar esquivar la propia culpa por los pecadillos que (también) cometimos, defender nuestros derechos por encima de los de los demás (como si no tuviéramos fuerzas suficientes para defender los de todos), criticar al poderoso que la ha cagado, y creernos a pies juntillas las palabras del predicador de turno, con consejos de madre (”ya te lo dije”) y recetas de panaceas universales.
Si tenemos que estar jodidos, al menos que estemos jodidos juntos, digo yo. Admitiendo humildemente nuestra parte de culpa en todo esto, que la tenemos (seguro), pidiendo justicia por todos y para todos, solidarizándonos con algo más que tímidas palabras, y siempre priorizando la solidaridad por orden, del más chungo al menos chungo (esté yo donde esté en esa escala). Y por supuesto, negándonos a tragar con todo, que hay quien podría hacer mucho para arreglar esto y ni si le ha pasado por la cabeza hacerlo.
No tengo ni idea de economía, ni de sociedad, ni entiendo la crisis. Posiblemente tú sepas mucho más de esto que yo. Pero al carajo con el siyomehundotutambienismo.
Blogueando con Medicus Mundi Andalucía

Lo de la captura de ahí arriba es “Con Vistas al Sur“, el nuevo blog de Medicus Mundi Andalucía. ¿Y por qué lo pongo? Porque desde hace unas semanas podéis leerme por ahí, escribiendo sobre temas de cooperación, desarrollo y salud internacional.
Yo tenía un montón de ganas, desde que dejé IFMSA e Imagen en Acción, de implicarme de nuevo en alguna ONG, y Medicus Mundi Andalucía, por su forma de trabajar, me atraía. Si a eso se une que a ellos les venía bien, entre otras cosas, un empujoncito en su presencia internetera, pues la conclusión es clara: allá que voy.
La idea de Con Vistas al Sur es la de ser un blog que no se limite a reflejar las noticias de la ONG, sino que genere contenidos con valor propio, que inciten a la reflexión y tengan un espíritu crítico, sobre temas de cooperación, salud, y mucho más. Y si encima ayuda a crear redes, a enlazar y ser enlazado, a amplificar voces y ser amplificado, mejor que mejor.
Aunque estamos empezando, y por ahora sólo estoy escribiendo yo, no estoy solo ni mucho menos. Y es que junto a María José (del departamento de comunicación de Medicus Mundi Andalucía) y Eugenia (voluntaria que gestionó estoicamente el antiguo blog de la ONG), también tenemos a tres ilustres ifmseros: Javi, Tere y Alba.
Como algunos sabéis (y quien no lo supiera ya habrá aprendido algo hoy) llevar un blog de este estilo no es fácil, por la limitada disponibilidad de todos los del equipo, la crisis mundial de comentaristas blogueros, y ese tipo de cosas, así que os pedimos que nos deseéis suerte, que nos leáis (si os apetece), y que participéis en él todo lo que queráis. ¡Seréis más que bienvenidos por allí!.
P.d.: Aunque los enlaces ya están por ahí, los repito. Por un lado, Con vistas al Sur, el blog de Medicus Mundi Andalucía. Por otro lado, su feed, por si os queréis ir suscribiendo… ![]()
P.d.: También trataremos de darle vida por Twitter y Facebook, pero habrá que ir con calma.










